Filmadrid 2017: Día 5

El lunes en principio se planteaba más tranquilo en Filmadrid, al menos a nivel del volumen de programación, pero eso no impidió que la jornada nos ofreciera algunas de las mejores experiencias de lo que llevamos de Festival. Como cada mañana, tuvieron lugar los encuentros con realizadores en el Petit Palace Lealtad Plaza, que comenzaron con el de Caroline Deruas, directora de Daydreams, que, como afirmó Javier H. Estrada, para los programadores había sido todo un regalo de película, que merecería ser distribuída en salas. Deruas empezó hablando de la localización de la historia, la Villa Médici, un lugar con el que tenía una fijación amorosa, ya que le recordaba a una casa de infancia que construyó su padre, y que su familia acabó perdiendo. Fue al visitar a una amiga escritora que estudiaba allí cuando se enamoró y supo que ella también quería que la admitiran. Tras tener suficientes trabajos para presentarlos, la cogieron en su tercera convocatoria, y en ese momento, comenzó a tener miedo de perder ese sitio, ya que un año le parecía muy poco tiempo para estar allí. Según ella, hay una necesidad intrínseca en el ser humano de huir de su realidad y ser acogido en un lugar extraño. Lo que desestabiliza es que al final tienes muy poco tiempo en ese nuevo sitio. Es entonces cuando quiso hacer la película, ya que para ella era la única manera de dejar constancia de su paso por allí y de su historia.

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En cuanto a la propia elaboración de la película, Deruas habló de su trabajo con los actores, y de como se integran los sueños dentro de la vida, siendo finalmente una obra más realista y narrativa de lo que ella había pretendido, ya que todo lo que integramos para crear una obra de arte forma parte de la realidad. La directora además dedicó un espacio importante de la charla a hablar de la banda sonora y de la admiración que siente por el compositor Nicola Piovani, al que le encantó la película, y sintió que los espacios que había en ella necesitaban su voz. Deruas le indicó que esta música tenía que ser como un canto de sirena de la Villa, pero también tener algo inquietante, parecida a la de Suspiria de Dario Argento.

El segundo encuentro despertaba una gran expectación, ya que era ni más ni menos que con Lav Díaz, comenzando por explicar el concepto en su cine del “malay time”: en general Asia es muy húmeda, y concretamente en las islas de Filipinas hay muchos ciclones y tormentas, por lo dependen mucho del tiempo que haga; y eso crea un carácter que se aprecia en las películas en la concepción del tiempo, unido al espacio. También la meteorología condiciona la creación incluso de los filmes, como ocurrió con el cortometraje The day before the end (2016), que surgió de estar parados en medio de una tormenta mientras asistían a un funeral, de modo que así se origina el cine, entre la vida y la muerte. Como vemos, no solo se habló de las dos obras proyectadas este fin de semana, sino que se hizo un repaso general a su filmografía. En este sentido, un tema inevitable de abarcar era el de su filme de 10 horas Evolution of a Filipino Family (2005), que fue rodada durante 10 años, mientras vivía en Nueva York, y para comprar los rollos de 16 mm, que eran muy caros, tuvo que hacer todo tipo de trabajos. Durante el rodaje, murieron tres actores, lo que llevó a cambiar todo su proceso de rodaje. El montaje, por su parte, duró un año, y fue todo tan problemático que se planteó no acabarla, pero unos amigos le convencieron, y al final fue algo bueno, ya que gracias a todo ello su narración se volvió más fluída.

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El director también comentó su trabajo con la identidades, teniendo en concreto la filipina muchos rasgos de tormento y trauma, debido a su funesta Historia y a la falta de libertad. También habló de la religiosidad, presente en sus películas y en un país en el que el ochenta por ciento son católicos, pero que también está muy unido a su mitología previa. Técnicamente, destacó la importancia de la ambientación y los encuadres, y su interés por simplificar el trabajo, de ahí que cuanta menos gente participe en el equipo mejor, siendo él en ocasiones también el director de fotografía de sus filmes. En conclusión, ha sido un placer haber contado con la presencia en Filmadrid de una personalidad tan destacada del cine de autor actual.

Mulvey

Siguiendo con la jornada, las dos únicas sesiones de la tarde, en el Círculo de Bellas Artes, fueron éxito de asistencia. En primer lugar, la directora y teórica feminista británica Laura Mulvey, que además está impartiendo un seminario esta semana por las mañanas en la Universidad Complutense, se mostró sorprendida de que tanta gente en Madrid quisiera ver una película “tan loca” como Riddles of the Sphinx, codirigida por Peter Wollen, su marido, que revolucionó el cine experimental, y que, en palabra de Javier H. Estrada, “me cambió la vida, y a vosotros también os la va a cambiar”. Como filme teórico, está dividido en 7 capítulos que, a través de la figura de la Esfinge es su vertiente de demonio femenino, se enfrenta a los problemas de la maternidad en un sistema heteropatriarcal. Un problema de plena actualidad que, sin embargo, al estar enfocado en este trabajo hacia la Tercera Ola Feminista, dio lugar a la afirmación de Munley de que la película solo podía haber sido hecha en su contexto, es decir, el Londres de 1977, y que para ella ahora era como un fósil de su tiempo. Visto con la distancia, apreciamos que este ejemplo de cine impuro ya apuntaba su importancia gracias también a aspectos técnicos como la fotografía de Diane Tammes, una de las dos únicas mujeres que trabajaban en este campo en Reino Unido en esas fechas, y la psicodélica banda sonora de Mike Ratledge.

El fragmento más largo de la película es el dedicado a Louise, una mujer recién separada que tiene que dejar por primera vez a su hija pequeña para comenzar a trabajar, y en ese momento se dará cuenta de que tiene que luchar por sus derechos. “¿Es la familia el peor enemigo de la liberación femenina?”, es una de la numerosas preguntas que plantea la voz en off a lo largo del metraje. Tras la proyección, hubo un breve coloquio en el que Mulvey dio algunas claves sobre lo que era el cine feminista, afirmando que se oponía a la estética tradicional, ya que ellas querían, a través de esa misma estética, plasmar sus ideas, pero estaban abiertas a muchas infuencias, por lo que las obras eran muy eclécticas. Mulvey también se refirió a las cineastas de hoy en día, afirmando tienen más oportunidades para rearticular el lenguaje feminista.

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La segunda sesión contó con la presencia de los representantes españoles de la Competición Oficial, que luego ofrecieron un extenso coloquio: los directores María Cañas y Velasco Broca, y de Julián Génisson, protagonista y guionista de Nuevo Altar, la película de Broca que nació a raíz de ganar el proyecto X Films de Punto de Vista, y que ofrece una narrativa compleja sobre la religiosidad, pero siendo al final todo lo contrario de lo que se espera en un festival de documentales: es decir, un guion, actores profesionales… En EXPO LIO 92′, Cañas realiza, como es habitual en su cine, una documentación de imágenes de archivo ácidamente montadas y manipuladas, para establecer un discurso crítico en torno a las relaciones existentes entre España y Latinoamerica desde el “Descubrimiento” de América. Estos trabajos se proyectaron junto a la India Sakishona, de Prantik Basu, un mediometraje visualmente deslumbrante que sigue la estética en blanco y negro de Satyajit Ray en una historia muy crípicia, con trazos surrealistas y simbólicos.

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Mientras esto último ocurría, se desarrollaba también la primera Vanguardia Live de este año, Ó noite de Santo António, a cargo de João Pedro Rodrigues, que además de celebrarse en la festividad del patrón de Lisboa, servía como conclusión para clausurar el estupendo foco que se le ha dedicado. El lugar de citación fue la Casa de Campo. Allí se reunieron un grupo de 30-40 personas que se fueron integrando poco a poco en el bosque. Llegado cierto punto, debían de colocarse en dos filas, ponerse un antifaz e ir con los ojos tapados agarrados a una cuerda unos cinco minutos, hasta llegar a una explanada, donde iba a tener lugar la proyección. Una vez quitados los antifaces, los asistentes pudieron ver allí los cortometrajes Manhã de Santo António, que retrataba gente por la mañana como una especie de zombies que deambulaban por las calles vomitando (Rodrigues explicó que se le ocurrió la idea a raíz de ver en su barrio el día de San Antonio a mucha gente borracha volviendo de fiesta); y O corpo de Afonso, entrevistas a varios chicos (con cuerpos fuertes) gallegos sobre un fondo verde (de croma), a los que les hacía quitarse la camiseta y los pantalones para después preguntarles sobre quien era el primer rey de Portugal y cuestiones sobre su cuerpo (cicatrices, tatuajes, etc). Una vez terminados los cortos hubo un breve coloquio con Rodrigues con muy buen ambiente y bebidas frías para amenizar la experiencia. Un punto y final perfecto a una jornada realmente especial.

 

Texto: Fernando García, Luis Suñer y Sofia Pérez Delgado

Fotografías: Belén Purroy, César García Rayo y Carlos Alonso