Entrevista a Philip Brubaker. The Video Essay 2020

Cinema

Andrea Morán-

Cinema es un videoensayo ortodoxo por varias cuestiones. Una de ellas es el hecho de incluirte a ti mismo en la narración y en la imagen… Quizá me equivoque pero, ¿puede que este sea el primer videoensayo en el que apareces? ¿Por qué tomaste esa decisión?

Efectivamente, este es el primero. Creo que un videoensayo puede ser casi cualquier cosa, así que ¿por qué no incorporar elementos más tradicionales de la escritura y la actuación? Decidí aparecer en el video cuando se me ocurrió la idea de no confiar en la cámara trasera de mi coche, algo que es real. Dependí del espejo retrovisor durante veinte años, hasta que conseguí un Prius… Esa analogía fue escrita para ser juguetona, pero se convirtió en una metáfora cuanto más pensaba en ella. Me pareció natural extender la crítica de los canales de imagen a la cámara de seguridad del coche, sobre todo porque en aquel momento creía que algunos cineastas consolidados habían filmado con este tipo de dispositivo (lo que más tarde descubrí que no era cierto). La locución ya se correspondía con mi punto de vista, así que la mejor manera de dramatizar la idea era sentarme yo mismo en el asiento del conductor. Tengo experiencia en la realización de documentales, donde también he aparecido en pantalla. Cada vez que hago un videoensayo, trato de ir un poco más allá para probar nuevos modos de expresión y que el proceso siga siendo interesante.

Tu anterior trabajo en FILMADRID se ocupaba estrictamente de la imagen cinematográfica. Aquí, en cambio, empleas fragmentos de películas, entrevistas promocionales, tus propios clips, incluso imágenes que podríamos considerar memes… Es un videoensayo que se pregunta por el cine pero también tiene muy en cuenta la esfera audiovisual y cuestiones como la recepción. ¿El propio tema discutido te pedía incluir otros materiales y salir de las películas?

El objetivo era mostrar cómo el cine se ha adaptado a Internet, por eso lo atiborré de tantas referencias a la web. Internet es, por supuesto, un lugar enorme. Los memes comenzaron inicialmente como poesía, y para la locución escribí algo del tipo “Miro el cine como un cirujano mira la carne humana.” Entonces pensé que podría convertirlos en poesía visual y plasmarlos como memes. Aparte de eso tienes un poco de deepfake, GIFs animados, referencias a torrent y a otros pilares de la cultura cinéfila de Internet. En realidad, me complace que la gente tenga que ver mi videoensayo desde su casa o en un ordenador o dispositivo móvil en lugar de en una pantalla de cine. Parece apropiado.

Precisamente aprovechas todo ese material para generar humor. Es un tema muy serio y ampliamente discutido, ¿aproximarte desde la risa te permitía darle otro tratamiento?  

¡Probablemente! Solo intenté ser fiel a cómo quería que se sintiera la pieza final. Soy un tipo divertido y me gusta entretener y ser entretenido. También hay un dicho útil que dice “el buen gusto es el enemigo de la creatividad”. Así que encuentro que cuando abordo un tema desde un ángulo humorístico, puede producir algo original y relevante. Los memes eran muy importantes para mí ya que disfruto siendo poético, pero esos mismos memes en cierto modo convierten la poesía en humor. En este sentido, creo que mi experiencia con Twitter me influyó bastante. 

La idea central, la mercantilización del cine y la cultura, se explica con una analogía altamente provocadora: el cine es como el papel de wáter, “tan preciado, pero tan banal”. Esta metáfora y también tu reflexión sobre las salas de cine en tiempos de distanciamiento social no habrían podido surgir en otro momento que no fuera esta cuarentena. Esta crisis ha añadido aún más incertidumbre al futuro de la exhibición…

La incertidumbre es un buen término para nuestra situación. Una cita importante de mi locución es: “Antes el streaming era la mayor amenaza del cine, pero ahora solo es su tabla de salvación.” La gente solía pensar que los servicios de streaming impedían que la gente viera películas en los cines, pero ahora, con las salas aún cerradas, básicamente es la única manera de ver películas, ¡no hay más! Queda por ver cómo los cines gestionarán esta crisis, pero temo que hayan recibido un golpe fatal. La idea de que el desplazamiento interminable a través de las películas es comparable a un rollo de papel higiénico que gira era una metáfora orientadora y con la locución tenía que encontrar el tono postirónico justo para resultar tanto sincero como sarcástico. Los comentarios que la gente publica en la web pueden ser leídos de ambas maneras.

Quería preguntarte de qué forma tu faceta de videoensayista y editor te afecta como espectador. En Cinema mencionas que cuando ves una película, sientes la necesidad de “entrar y reeditarla en lugar de dejar que se reproduzca ante mis ojos”. ¿Dirías que una vez que has tratado de editar o has hecho videoensayos ya no hay vuelta atrás? ¿Puedes separarte de cómo está ‘trabajando’ la película y sencillamente verla?

A riesgo de inflar demasiado la importancia de lo que hago, esta es la “carga” central del videoensayista: ¿Cuándo dejas de trabajar? ¿Cuándo puedes simplemente disfrutar viendo una película? Desde que trabajé como videoensayista profesional para Fandor, produciendo 100 ensayos de video en dos años, tengo algunas cicatrices de la experiencia. Trasnochar, la edición y reedición de los clips, la prisa por ver el producto final publicado y alabado; fue una experiencia embriagadora cuyos logros todavía persigo hasta hoy. El trabajo en sí es lo que me motiva, pero cuando está hecho todavía quiero las visitas. Dicho esto, ayer vi Thor: Ragnarok (como recompensa por lograr que mi video se viera) y la disfruté mucho. En el extremo opuesto del espectro, aprecio las películas de Martin Scorsese aún más ahora que puedo apreciar el oficio que pone en ellas. Así que, más allá de la maldición del videoensayista, a veces también hay un mayor nivel de disfrute.