Entrevista a Mark Rappaport. The Video Essay 2020

ANNA/NANA/NANA/ANNA

Andrea Morán- 

En un momento del videoensayo se afirma que “toda década ha tenido su propia versión de Nana”. Al rastrear esos distintos personajes a lo largo de la historia del cine, se puede leer como un homenaje a las actrices y en particular a Anna Sten, una estrella que pasó al olvido… En este sentido, ¿la concibes también como una película reivindicativa?

Es muy difícil decir cuál es el impulso principal cuando hago una película. Había visto Nana hace unos años porque quería saber más sobre Dorothy Arzner, la única directora en Hollywood en los años 30 y principios de los 40. No pensé que fuera una película muy buena ni que estuviera dirigida de manera interesante. Como digo en Anna/Nana/Nana/Anna, una noche estaba cambiando de canal y vi a Anna Sten, la estrella de Nana, en un film de Hollywood realizado 20 años después y supe que quería hacer una película sobre ella. Creo que así funcionan mis proyectos. De repente, tengo una idea y entonces me parece que es algo que siempre he querido hacer. Y luego, cuanto más veo, más me involucro y empiezo a editar las escenas que he seleccionado. Pero al principio nunca tengo una idea muy clara de a dónde voy o cómo será en última instancia. Todo sucede en la edición.

Justo al inicio, Anna afirma que el primer plano es la mejor manera de capturar el amor, el mayor invento del siglo XX. Además, en lo cinematográfico, el primer plano fue crucial para la aparición de las estrellas y de su belleza. Se podría decir que sin el close-up Anna Sten podría no haber existido… 

Cierto. Ella era muy hermosa, de una manera que no muchas personas lo son. Y sí, el hecho de que todas estas personas hermosas en la pantalla se enamoren entre sí perpetúa la idea del amor como concepto. Es una prueba de que el amor existe y es posible. Alguien que conozco había escrito en un libro, hablando sobre su personaje: “Ella nunca se había enamorado porque nunca había leído novelas”. Tal vez hablaríamos de amor de manera diferente si no hubiéramos visto todas las películas que tenemos, si hubiéramos crecido en la Luna. O en Afganistán.

Con Anna/Nana/Nana/Anna continúas tus películas biográficas, como Rock Hudson’s Home Movies o From the Journals of Jean Serberg. En aquellas introdujiste actores que interpretaban el papel principal. Aquí no hay una actriz que dé vida a Anna, pero me pregunto cómo trabajas con los actores en tus videoensayos porque me parece que las voces, lo que se dice y cómo, son tan importantes como las imágenes … ¿Te gusta dirigir actores?

Me encanta trabajar con actores. Eso es lo que más extraño de no hacer largometrajes. En cuanto a mis cortometrajes, generalmente no busco actores sino que trabajo con personas que conozco. Soy muy vago y no me interesa tener sesiones de casting. Además, viviendo en París, no es realmente tan fácil encontrar actores que, digamos, sean rusos pero también hablen inglés bastante bien pero con acento ruso. Por lo general, me conformo con lo que puedo conseguir. La vida ya es lo suficientemente difícil sin buscar el actor perfecto que “interpretará” la narración exactamente de la manera que tú quieres. Por supuesto, cuando estoy editando, yo soy el que guío la narración siempre. Y creo que soy el narrador perfecto para mis películas, porque mi voz está en la página y en la pista. Y los ritmos son siempre los ritmos de mis patrones de habla. Cuando no estoy narrando mis propias películas, solo les digo a los narradores, “hazlo conversacional, como si estuvieras hablando con un amigo. No actúes”. Por lo general, funciona.

Imagino que dedicarás mucho tiempo al trabajo de documentación, pero también hay recursos ficcionales y literarios en la construcción de la protagonista. No te limitas a comunicar la información, sino que también creas un personaje para Anna Sten. Ante un nuevo trabajo, ¿cómo lidias con la vertiente documental y la ficcional?

En realidad, no investigo mucho. Trato de encontrar el personaje en las películas que él o ella ha hecho. No lo sé. Parece que tengo una habilidad especial para crear personajes completamente realizados al agregar mis ideas y pensamientos sobre lo que ellos mismos proyectan en una película tras otra. Había escrito un guión sobre Pasolini (mucho antes de esa horrible película de Abel Ferrara) y cuando se lo envié a un productor italiano, pensó que conocía a Pasolini por la forma en que lo había retratado en el guión. Eso fue muy halagador. Sí creo que soy muy bueno en eso.

Según mi experiencia, la mayoría de las personas que hacen videoensayos hoy en día se consideran en parte montadores o tienen un vínculo muy fuerte con la edición. ¿Ese es también tu caso? Personalmente, por tus trabajos siempre te he considerado un guionista con una fuerte personalidad…

No puedo separar la edición de la escritura. En mis películas (o videos), es la escritura lo que permite que la edición vaya a los lugares donde va. Pero hago las dos cosas juntas al mismo tiempo. Mientras edito, hablo por el micrófono en mi ordenador e improviso, lo que me llevará a la siguiente toma. Para mí, es un gran invento porque me permite esta increíble libertad, voy descubriendo mis pensamientos a la vez. Y también descubro la película mientras la estoy haciendo. No escribo nada por adelantado. Tampoco imagino qué planos irán junto a qué otros planos. Es un proceso totalmente intuitivo. Mi video más reciente, L’ANNÉE DERNIÈRE À DACHAU, fue muy complicado y pensé que nunca sería capaz de resolverlo o superarlo. Pero he hecho lo suficiente a lo largo de los años para saber que definitivamente podría llegar al otro lado. Y, por supuesto, lo hice.

Debutaste como director a finales de los setenta y llevas años dedicándote al cine ensayístico. ¿Qué opinas del vídeoensayo como formato ligado a internet?

Por un lado, cuando has terminado con un video, solo tienes que hacer clic una vez y ya puedes enviarlo al mundo. Cuando hice Rock Hudson’s Home Movies o From the Journals of Jean Serberg, hace más de 25 años, tenías que ver las películas en una videograbadora, transferir las escenas que querías a BetaSp y luego descargarlas en ¾” (estaba trabajando en un U-Matic no lineal). Y si querías que alguien viera tu video, tenías que transferirlo al cine. Era agotador. ¡Tantos pasos, tanto dinero! Ahora que puedes hacer (casi) todo en tu ordenador, es un proceso mucho más simple y mucho más liberador. Es divertido y te da mucha más libertad para explorar, experimentar e improvisar. Sí, me siento muy afortunado de haber llegado a esta era digital y poder aprovecharlo.

Fotogramas de “Rock Hudson’s Home Movies” y “From the Journals of Jean Serberg”