Entrevista a Lucía Alonso. The Video Essay 2020

In Memoriam

Andrea Morán-

Normalmente los videoensayos nos llevan hacia el centro de las imágenes, al interior de las películas, y aquí lo que tú haces es partir justo cuando terminan las obras de Apichatpong Weerasethakul. Me atrevería a decir que necesitabas extender esa experiencia, alargar sus paisajes… ¿Fue un poco ese impulso el que te hizo ir hasta Google Earth?

Creo que el intento de Apichatpong por retrata su cultura es también un intento por comprenderla y descifrarla. De ahí todo su empeño por registrar no solo los entornos paisajísticos, sino todo lo referente a las creencias, costumbres, mitos… El descubrir Tailandia y su historia e idiosincrasia, y ver que era un país distinto a ese paraíso (casi) artificial del que nos llegan fotografías de viajes de conocidos, me llevó a investigar qué era realmente Tailandia. Digamos que el proceso de búsqueda que seguí (desde Bangkok, otra imagen falsa de Tailandia, al resto del país) es el que se refleja en el videoensayo. Y es durante este proceso, mientras investigo, cuando me doy cuenta de que su obra puede verse como un ejercicio antropológico por ser una radiografía de su cultura y sociedad. Así que me propuse probar la realidad de las películas, desmantelando una vez más la idílica imagen de este país. Para hacerlo recurrí a la realidad misma, a esa a la que tenía acceso y que, digamos, no está intervenida, como es el registro sistemático que propone Google Earth y Google Maps.

Como es frecuente en los videoensayos, que siempre tratan de aportar evidencias, tú aquí llegas a demostrar que esos rincones (los tenderetes, las motocicletas, la cabaña en el bosque…) bien podían ser localizaciones cinematográficas… ¿Cómo fue esa navegación por Google Earth?  

Fue un proceso bastante curioso. Estuve “viajando” por Tailandia y Colombia cerca de tres semanas y lo que más me fascinó fue comprobar cómo las películas se me representaban en la pantalla: cómo era capaz de identificar la vegetación, la frondosidad del país, de las carreteras, cómo las personas que me encontraba parecían personajes, hacían labores que aparecían en las películas, identificaba las costumbres, las tradiciones, los lugares… Todo estaba allí, en Google. Y lo más mágico fue comprobar que justamente esa realidad que propone el director, que es una mezcla de la cultura, el mito y lo fantástico, aparecía también en las imágenes. Se daba la casualidad y la suerte de que la cámara de Google Maps hubiese capturado ciertas escenas que poseían un aura especial y que yo las hubiera encontrado.

Al final, el viaje por estos países se convirtió en una búsqueda de momentos, detalles, monumentos, escenarios, personas… que me recordaba a la experiencia real del viaje turístico, en el que se fotografía compulsivamente. Yo fotografiaba todo aquello que identificaba como conocido o me recordaba a lo que ya conocía. Todo ello con la posibilidad (limitada) del encuadre que ofrece Google Maps. Fue curioso descubrir cómo el ojo, incluso en estas circunstancias, busca un encuadre satisfactorio.

Más allá de lo cinematográfico también haces hincapié en las huellas políticas que encuentras a lo largo de tu viaje, tanto en Tailandia como en Colombia. Incluso acabas incorporando vídeos de Youtube para dar a entender el interés que Weerasethakul puede sentir hacia la historia militar y la violencia que ha vivido aquel país… ¿Por qué era importante para ti incluir esa vertiente?

La cuestión política y social es un eje que vertebra toda la narración indirectamente y creo que sirve como marco para comprender las decisiones tomadas por el director. Parte de la búsqueda que hice acerca de Tailandia estaba relacionada con la realidad social y política del país, la cual fue una sorpresa descubrir, al tratarse de un lugar del que apenas tenemos noticias. Encontré mucha información de parte del propio Apichatpong, ya que es una persona muy crítica con la situación y no duda en denunciarlo en entrevistas, comunicados, redes… Y es esta realidad y sus consecuencias la que hace que decida dejar de hacer cine en su país, único lugar en el que había rodado, para hacer una película sobre Colombia, contextualizada en un momento en el que, de nuevo, la presencia militar, la represión y la violencia están al orden del día. Así que la historia se repetía; el contexto que el director había abandonado parecía representarse ahora en otro país. Tal y como él mismo dice, es una película que hace para reflexionar de algún modo sobre su propio país.

Resulta paradójico que este videoensayo exista gracias a que la película de Weerasethakul no lo haga (debería haberse visto en Cannes pero su cancelación aún la mantiene como una película fantasma…). ¿Este trabajo nace a raíz de la crisis del coronavirus o ya lo estabas realizando cuando encontraste este nuevo final basado en la suspensión del festival?

Ha sido una mezcla de circunstancias que han terminado jugando a mi favor, ya que el trabajo lo inicié poco antes de que empezara la crisis y para entonces Cannes todavía no se había cancelado. El final iba a ser el mismo, pero iba a tener menos gracia porque la película se iba a estrenar muy pronto. Sin embargo, al cancelarse el festival se abría un pequeño limbo de incertidumbre que finalmente ha jugado a favor del videoensayo. Viéndolo ahora en perspectiva, hacer este videoensayo en esta crisis ha sido la mejor alternativa a estar en casa, porque no he parado de viajar….

Es un videoensayo que se fija en un autor de una sensibilidad muy cinematográfica, pero que sucede en la nube y que nos habla mucho de ella: por un lado, nos confirma esa posibilidad de viajar sin movernos del sitio; por otro, evidencia la cantidad de información desperdigada que hay en Internet… ¿Dar pie a estas reflexiones era parte de tu objetivo? ¿El uso de la voz robotizada también se debe a esto?

Para mí era muy importante que el videoensayo fuera un viaje desde el ordenador hacia el mundo, hacia el más allá, a ese limbo de la información que constituye Internet y que no entiende de fronteras, ni límites, ni restricciones, y en el que parece que todo es posible, incluso hablar sobre algo que (todavía) no existe, como es este caso. Así que se trataba de explotar todos los recursos que la red ofrece, desde acceso directo al mundo, violencia gratuita, información sobre una película que aún no se ha estrenado… Y todo ello a través de la voz de un robot, es decir, la despersonalización total del individuo en ese universo. Al final, es la idea de que la información está ahí, solo hay que buscarla.