El aburrimiento de hacerse mayor  (Short stay, de Ted Fendt)

Llega un tiempo en la vida en el que inevitablemente nos tenemos que hacer mayores, este momento -que no es únicamente una cuestión de edad- sucede cuando nos damos cuenta de que solo nosotros tenemos las riendas de nuestra vida; nuestros éxitos o fracasos nos pertenecen. Cuando uno comprende esa responsabilidad, irreversiblemente se ha hecho mayor.

La satisfacción de hacerse a uno mismo, el mérito personal y la libertad de tomar decisiones, son aspectos con los que todos hemos soñado y que innumerables películas han ensalzado. Resulta de agradecer que Ted Fendt, director de Short Stay, no ponga el foco en las ventajas de la autonomía, sino que, por el contrario, se fije en el aburrimiento y el cansancio de tener que hacerse a uno mismo; y en el hecho de que esa capacidad de elegir, si bien existe, es a veces muy limitada.

Mike es un hombre joven que busca su sitio y afronta  enormes dificultades para encontrarlo. Áreas residenciales y zonas un tanto desangeladas en barrios suburbanos de Nueva Jersey y Filadelfia configuran el entorno en el que se mueve el protagonista, quien siempre vuelve al barrio donde creció, como si intentase salir pero no lo lograse. Su estado anímico es expresado a través del espacio en el que se encuentra. Especialmente significativo resulta el regreso a la casa de su madre: Mike sentado en un vagón, de espaldas a la dirección que lleva el tren, literalmente yendo hacia atrás.

Concediendo especial atención a detalles cotidianos, Fendt  emplea varios recursos que van siempre en la misma dirección: dotar al film de realismo. Cada escena es un plano secuencia, lo que transmite una sensación de objetividad; el uso del sonido diegético consigue un estilo cercano al documental;  y la apariencia de los actores (quienes trabajan con una naturalidad admirable) no puede ser más adecuada para el tono realista que tiene la película.  Esa relación tan relevante entre el personaje y el espacio sucede en una cinta en la que, contrariamente a lo que se podría presuponer, el cambio de entorno no logra cambiar al protagonista.

Ana Torres