Críticas de Land of Warm Waters, por Luigi Di Scipio y Alicia Rambla

Land of Warm Waters

Udgitha es la mejor de todas las
esencias, la suprema, que merece el
lugar más alto: Ohm

El cine ha sido a lo largo del siglo XX el arte más popular y de mayor alcance mundialmente, y aún hoy sigue siendo un medio masivo y relevante para contar historias e innovar con la forma en que se hace. Quizás esa renovación o búsqueda sea más importante ahora que antes.

Igor e Ivan Buharov son dos realizadores cinematográficos con una larga trayectoria que se remonta al año 1995. Mayoritariamente dedicados al cortometraje, sin embargo, ocasionalmente dan el salto y dirigen largometrajes como Most of the Souls That Live Here (2016) y Slow Mirror (2007). El cine de Igor e Ivan Buharov se caracteriza por situarse siempre en la vanguardia experimental y su nuevo largometraje, Land of Warm Waters (Melegvizek országa, Hungría, 2022), no es una excepción.

La historia nos presenta a diversos personajes cuya meta es conectar con el Absoluto Cósmico y para conseguirlo buscarán los medios que tengan a su disposición: algunos se decantarán por psicofármacos, otros por medicinas ancestrales como la ayahuasca de la selva amazónica peruana y otros serán interceptados por fuerzas alienígenas.

La puesta en escena juega con lo experimental, ya que la película utiliza todos los elementos del lenguaje cinematográfico para buscar nuevas fórmulas. Para empezar, hay que resaltar la elección de filmar con una cámara Super 8 mm en mano sin estabilizador, capturando unas imágenes con características vintage y que recuerdan por momentos al cine de ciencia ficción americano de la década de los setenta.

El color es un elemento que podría generar curiosidad y una sensación extraña, salvo por algunos momentos en los que psicodélicamente se nos priva de él, más allá de la enorme saturación a la cual nos vemos expuestos generando una sensación psicodélica inmersiva. No en vano, la paleta de colores se decanta por dos en particular, el verde y el violeta. El verde claramente hace referencia a la naturaleza y a la flora que están presentes en casi todo momento, incluso en los espacios cerrados por los seres humanos. Por otro lado, el violeta será el color asignado a alguno de los seres humanos; tradicionalmente el violeta era un color asociado a la divinidad, que sean los humanos quienes lo utilicen sugiere el estado de hybris en el cual nos encontramos y del cual nos quiere advertir el dúo húngaro.

La imagen está siempre acompañada de una banda sonora que parece generada en otra galaxia. Específicamente, el apartado musical podría considerarse una versión más oscura y críptica de los teclados que nos presentó Steven Spielberg en Encuentros en la tercera fase (1977). El uso de elementos geométricos triangulares o cónicos es recurrente por parte de los cineastas. Lo importante es siempre señalar hacia los cielos, lo que está arriba, lo inalcanzable por medios convencionales.

Land of Warm Waters no solo transgrede las formas tradicionales del cine, sino que también busca quebrantar las leyes de la narrativa convencional, haciendo que su historia no siga un camino lineal y causal tradicional. Al contrario, nunca sabremos en qué punto de la historia nos encontramos, y se agradece, porque cada quien podrá alcanzar sus propias conclusiones. Igor e Ivan Buharov no imponen nada a su audiencia con su cine.

La película es una declaración de guerra al uso convencional del lenguaje cinematográfico y la narrativa tradicional y al mismo tiempo es una llamada de atención ecológica antisistema. Se centra en hilar fino entre la teoría Gaia, la cultura hindú, la cultura amazónica y el movimiento UFO (OVNI) americano de la segunda mitad del siglo XX.

La nueva propuesta de Igor e Ivan Buharov es una oportunidad única para quienes buscan una experiencia poco convencional y transgresora que roce los límites del lenguaje cinematográfico mientras que los difumina entre las bellas artes y elementos de la contracultura del siglo pasado al unísono de Udgitha: Ohm.

Luigi Di Scipio

Surrealimo medioambiental

Hay un cactus, una mujer que busca su amor de juventud, un hombre que la quiere ayudar y una familia con una enfermedad en los testículos. Hay chamanes de distintas partes del mundo, arte cósmico y un gobierno que quiere guardar un secreto a toda costa. Hay manifestaciones anarquistas, catarsis cósmicas y señoras mayores que sueñan con ir a Perú mientras consumen hongos. Todo esto y mucho más está en la nueva película de Igor e Ivan Buharov, Land of Warm Waters (Hungría, 2021).

El intento por subvertir las normas de lo narrativo y destruir la barrera de los géneros es la base sobre la que trabaja la película de los directores húngaros. Rodada en 8 mm, el formato les permite crear un ambiente de imagen sucia y una temperatura de color terrosa para plasmar la amalgama que representa el film. Porque la película va sobre la tierra, el medioambiente y los gobiernos corruptos que presiden la devastación del planeta. El film es un compendio de metáforas, que, si bien resultan muy originales, acaban por dar como resultado una narrativa fallida en términos clásicos, porque es lo que busca, no serlo. Remite a filmes de sci-fi de bajo presupuesto, juega a la sutilidad y a la metáfora visual para retratar lo que sin un ordenador o efectos prácticos es imposible de retratar, juega en otra liga, su propia liga. Es allí donde reside la originalidad de la propuesta,  nada directa y que exige un nivel de compromiso por parte del espectador para ahondar en lo experimental que resulta la pieza que se presenta. El cactus representa un cosmos imposible de retratar, pero que conecta con lo natural y lo que nunca muere, es una planta tan resistente que incluso sin tener agua sobrevivirá un largo periodo de tiempo.

Pero si hay un género en el que podría concretarse Land of Warm Waters podría ser el surrealismo, ya que juega a la extrañeza constante aportando tantas subtramas que da como fruto un puzle al que le faltan piezas, siendo estas partes restantes espacios en los que reflexionar e interpretar.

Alicia Rambla

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