Crítica de What Probably Would Have… por Daniela Urzola

Lo que habría pasado…

Entre llamas y un humo blanco se avista un coche. Alrededor de él, personas que sin contexto ni introducción desatan el caos en un prólogo que, con gran agresividad visual y auditiva, presagia y refleja la violencia que reina en una reunión de cinco amigos. What Probably Would Have Happened If I Hadn’t Stayed at Home, obra con la que el cineasta friburgués Willy Hans vuelve a esta edición de Filmadrid, pone a dialogar el caos que desde fuera abre la historia con la irrupción de las pasiones humanas en el espacio interior, trasponiendo lo familiar y armonioso de la cotidianidad a la confrontación y la confusión absolutas. Por supuesto, entre los personajes retratados. Pero también entre la cámara y el espectador.

Dividida en cinco partes –pero fragmentada en muchas más–, la narrativa de este cortometraje de veinte minutos se ve cobijada por un trabajo de cámara en el que priman las variaciones y la ausencia total de uniformidad. Un laberinto formal que permite plantar y reiterar en el espectador la pregunta –por supuesto, sin respuesta– sobre qué está aconteciendo. De lejos o de cerca, horizontal o vertical, con movimientos frenéticos o completamente estática… una y otra vez la cámara se redefine y asume una nueva identidad, descolocando al espectador e intensificando la angustia que ha empezado a sembrar en él desde los primeros segundos de metraje. La forma de relacionar a los personajes transita por conversaciones, en algunos momentos lineales y en otros superpuestas, que se ven constantemente interrumpidas por una voz en off que, a pesar de transmitir aparentes mensajes de calma, acentúa lo ominoso de una atmósfera en la que prevalecen las tensiones subjetivas sin explicación alguna. Un espacio donde lo familiar y lo desconocido ocupan el mismo lugar.

“Breathe in, breathe out”, dice aquella voz en off mientras encuadra una silla, unas plantas, y varios objetos más de una habitación en la que ya no queda nadie. Donde ya no hay más que la huella de esas cinco personas que nunca se dan a conocer en realidad. Y donde solo permanece lo fragmentario, lo indocumentado, lo que se encuentra detrás del registro de una cámara inquieta y de lo que ella ha elegido mostrar u ocultar.

Daniela Urzola