Crítica de Sertânia por Isabel Sangro

Las múltiples vidas del Western 

Sertânia (2020) es el último largometraje escrito y dirigido por el octogenario cineasta Geraldo Sarno, figura esencial del cine brasileño y autor de filmes históricos con una profunda visión de las relaciones entre el montaje del cine y la construcción histórica de lo social como Coronel Delmiro Gouveia (1978).

La película, ambientada en el nordeste de Brasil, arranca con un plano general nocturno envuelto en una oscuridad que hace alusión a la muerte, tema con el que Sarno irá construyendo su trama. A partir de ese momento dará paso a una película rodada íntegramente en un sobreexpuesto blanco y negro. El blanco cegador se convierte en la metáfora perfecta para un relato onírico y delirante protagonizado por Antão (Vertin Moura), un hombre poético y reflexivo, inmerso en una contradicción interna entre lo ocurrido a su padre y su relación con el coronel Jesuíno Morão (Julio Adrião). Se suceden planos rodados cámara en mano, siempre en movimiento, acompañando en todo momento a los personajes hasta el punto de rozarlos. Una brusca bofetada intrusiva que traslada al espectador a esa misma escena que contempla y lo mantiene siempre alerta. Con unos eventos representados fuera de un orden cronológico, esta narrativa desarticulada remite a títulos como Memento (2000), de Christopher Nolan. El director emprende un viaje de casi hora y media por una especie de alucinación monocromática con ciclos de muerte incluidos, aludiendo a las posibilidades infinitas de la vida, pero también de la muerte. La dicotomía cromática y sus dos casi únicos protagonistas funcionan como una alegoría de las relaciones de poder, de las armas y la religión, de lo urbano y lo rural.

Homenaje indiscutible al western y filmada en clave lumínica alta y por momentos cegadora, Sertânia juega con deconstruir su propio género. Su narrativa no lineal, el uso reiterado de flashbacks y un punto de vista subjetivo la convierten en un arriesgado pero acertado ensayo experimental.

Isabel Sangro