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Vamos a hablar de ARÁBIA

Ha terminado el verano, y sin embargo aún queda mucho que recordar de un festival realizado casi en las antípodas del calor: el festival de Rotterdam, cuya última gran edición se realizó en enero 2017.

Podríamos hablar de esa dulzura aleatoria y lisboeta que nos embriagó en António Um Dois Tres , de Leonardo Mouramateus. Podríamos hablar de proyecciones únicas que no se pueden contar porque son difíciles de creer como el Highview de Simon Liu, o de la fantástica retrospectiva de Jan Nêmec y ese diálogo brutal que hace The Party and The Guests y su última obra, la divertida The Wolf from Royal Vineyard Street. Pero hoy vamos a hablar de Arábia.

Podríamos hablar de películas tan inauditas y a la vez delicadas, películas como Sakhisona, As Without So Within o Rubber Coated Steel. O hablar de una obra excepcional como La Flor Parte 1, de Mariano Llinás y de cómo ya podemos decir sin tapujos que estamos frente a un pionero de la narración cinematográfica, de alguien que ha entendido de qué va esto. Llinás lo ha entendido: el cine es emoción. Pero hoy vamos a hablar de otras emociones. Hoy vamos a hablar de Arábia, la hermosa película de Affonso Uchoa y João Dumans estrenada ahí en Rotterdam.

Podría mencionar que en Rotterdam estuvieron dos de las películas españolas (¿son españolas?) más hermosas del 2016: 025 Sunset Red de Laida Lertxundi y Amijima de Jorge Suárez-Quiñones. Y que ambos directores estuvieron presentes, recibiendo los merecidos elogios a sus obras.

Pero hoy vamos a hablar de Arábia, una obra humilde, piadosa y humana. Es decir, la mejor película de Rotterdam 2017, película con la que inauguramos esta nueva temporada de Pasajes Filmadrid.

*

Arábia 2

Como en las grandes historias, Arábia es una película que está muy cerca de la literatura, de esos viejos relatos épicos, novelescos, donde el protagonista recorre distintos oficios en distintos lugares. Arábia  (su título lo sugiere) es aventura, es ensuciarse los zapatos, es ir a lo desconocido: a nivel narrativo, geográfico, político.

Como en las historias pequeñas, Arábia es ese viejo cuento de quien va alrededor del mundo y que termina volviendo a casa afligido, apagado, entendiendo algo más, sólo un poco más, sobre sí mismo. Arábia es El Lazarillo de Tormes. Pero también, de cierto modo, es Joyce.

Arábia es un lugar. Es ingresar a Ouro Preto, esa ciudad brasileña célebre por su pasado colonial y su presente industrial, ciudad que a ojos de muchos es símbolo de progreso y turismo, pero de la cual no vemos en la película nada turístico ni glamoroso ni colonial. Aquí Ouro Preto son calles solitarias, paredes monocromas, asfalto sin pavimentar. Ouro Preto, y de ese modo Arábia, es abrir una ventana y que tu paisaje sea una fábrica, el humo que arroja, el sonido de sus maquinarias, su soledad, su tristeza.

Pero Arábia es también un muchacho que recorre el pueblo con prisa y en bicicleta. Por momentos parece ir con urgencia. Por momentos, con placer. El lugar no importa. Ouro Preto no importa. Las fábricas no importan. Lo que importa es ese no-lugar, ese espacio que inventamos para seguir en movimiento. Eso es Arábia, un no-lugar, un refugio para los nómadas, los siempre errantes, los trashumantes, los que pueden meter toda su vida en cuatro cajas o dos maletas. Arábia es moverse rápido en bicicleta mientras suena una música dulce que nos ha alistado a partir, a no estar.

Arábia es ese espacio donde vas a encontrarte con el otro, con el que prefieres no ver, no saludar, no conocer, con el que pensabas que era el infierno. Arábia es ir al país que no es el tuyo, entrar a esa casa que no es tuya, usar los utensilios de otra persona, correr las cortinas de una habitación que no te corresponde, abrir un diario ajeno. Y leerlo. Detenerse en los relatos de otro. Descubrirse en el otro.

Y Arábia es también el descubrimiento de uno mismo. Es hablar en primera persona. Es entender por qué es importante escribir un diario alguna vez. Es pensar que no tenemos nada que decir, que no nos ha ocurrido nada importante, y de pronto encontrar el gusto a recordar lugares, momentos, personas que cruzan nuestras vidas. Es entender cómo, a través de la escritura, empezamos a pensar en cosas que antes no pensábamos jamás. Arábia es escribir porque necesitamos recordar. Escribir para fijar, para no olvidar.

Es volver, a través de la palabra escrita, a un día inolvidable con una persona inolvidable. Es entender cómo la vida, con sus giros y miserias, nos termina llevando eventualmente a la persona que terminaremos amando. Arábia es el final de Pickpocket, con el protagonista, criminal favorito, entre rejas. Es él diciéndole a través de unos barrotes a ella: "Mira todo el camino que he tenido que pasar para llegar hasta ti".

Arábia es volver a una noche, a un beso, a unas caricias, a una primera vez. Grabarla en la memoria. Dejar registro de que todo eso existió. Sí, ya no está, pero existió. Es recordar que lo efímero, sobre todo lo efímero, tiene derecho a ser rescatado del olvido.

Arábia es una película sobre alguien que no tuvo nada. Sobre aquel que nació perdedor. Sobre el que apareció en este mundo para picar las piedras donde luego habrá carreteras, el que recoge frutas para un hacendado a cambio de unos pocos centavos la hora, el obrero de fábrica que trabajará para siempre ahí hasta que morirá de cansancio o de pena. Son trabajos que no vemos en las noticias. Son personas que sostienen los milagros económicos de los países, sea Brasil, China o Perú, milagros que se inician aquí: sobre los hombros de trabajadores aplastados, anónimos, silenciados, aquellos que toda su vida se resume en resistir los golpes y aún así siguen despertándose temprano.

Arábia es una película sobre la dureza del tercer mundo. Pero aquí no hay gritos, reclamos ni exclamaciones de pobreza. No está el Brasil duro y miserable acorde a una interminable línea de cierto cine latinoamericano. Arábia es una diálogo con el pasado. Es el recordatorio de los derechos laborales a través de un relato oral y melancólico sobre quien reclamó por primera vez, quien fue arrestado antes que nadie, del que instauró un acto que cambió las cosas. Arábia son dos pequeños hermanos que apenas desayunan café.

Pero Arábia también es saberse jodido y aún así reírse de uno mismo. Saberse abajo y aún así coger la guitarra para cantar. Arábia es esa solidaridad laboral a prueba de neoliberalismo, una hermandad que resiste a la competencia feroz del sistema, un vínculo fraternal de aquellos que comparten un destino de parias, de extraños, de cowboys fora de lei. Contra el cinismo de tantas películas occidentales que se regodean en la miseria y la violencia, ahí tenemos la humanidad de Arábia.

Arábia es un trabajador que puede escribir y, de ese modo, hace de su vida un manifiesto.

Arábia es una película que filma a los trabajadores con planos delicados, sencillos, centrados en sus cuerpos y en sus actividades motoras. Los vemos moverse, usar herramientas, golpear fierros, piedras, madera. Los vemos sacudir, picar, bombear, recoger. Y también entramos en sus casas con planos fijos de los utensilios que los rodean: las jarras de agua, los platos vacíos, las tazas viejas, las mesas gastadas.

Arábia es una película sobre rostros melancólicos.

Es una película sobre el cansancio. Sobre ya no querer empezar de nuevo. Sobre esas almas que son como caballos viejos, caballos rodeados de moscas que ya no quieren correr más, que prefieren tumbarse y morir de sed, dejando que todo siga, por fin, sin uno. Arábia es admitir frente a todos que nuestra vida fue una vergüenza. Es un canto al fracaso.

Y, sin embargo, el muchacho sigue pedaleando, intacto, resistente, sobre su bicicleta, mientras suena una canción.

Eso es Arábia. Una película sobre canciones de amor y rabia. Sobre refugios. Sobre resistencias.

Y sobre cómo convertir los fracasos en triunfos, gracias a los recuerdos, a la música, a los amigos, a las palabras.

 

Fernando Vílchez Rodríguez

*ARÁBIA se proyectará este sábado 30 de septiembre en el ciclo "Pasajes Filmadrid". Círculo de Bellas Artes, 19h. Dos horas antes se proyectará A VIZINHANÇA DO TIGRE, la película anterior de Affonso Uchoa. Los directores estarán presentes en ambas proyecciones.

arabia

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