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Pietro Marcello

Obras de Pietro Marcello que se proyectarán en FILMADRID:

Il passaggio della linea Imagen 2

Il passaggio della linea

Pietro Marcello

La película que reveló a Marcello en el panorama internacional de festivales muestra ya su preferencia por ahondar en la otra cara de la Italia contemporánea. Una Italia precaria y marginal, la que viaja, e incluso vive, en los trenes…

Italia, 2007, 57min.

Con presencia del director

Il silenzio di Pelešjan Imagen

Il silenzio di Pelešjan

Pietro Marcello

A través de un elaborado juego de espejos que es tanto homenaje a la técnica del “montaje distanciado” pelešjiano como reformulación de los temas, imágenes y sonidos del legendario cineasta armenio, Marcello propone algo más que una semblanza biográfica: un…

Italia, 2011, 52min.

Con presencia del director

La bocca del lupo Imagen

La bocca del lupo

Pietro Marcello

“La bocca del lupo” no es sólo el equivalente de la expresión castellana “boca del lobo”: alude también a otro dicho italiano, “in bocca al lupo” (“buena suerte”) y al título homónimo de la importante novela verista de Remigio Zena,…

Italia, 2009, 76min.

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Bella e perduta

Pietro Marcello

Tomasso Cestrone es un personaje real, un pastor que decidió dedicar su vida a proteger el Palacio de Carditello, construcción del S. XVIII ubicada en la región de Campania y abandonada en manos de la mafia local desde la época…

Italia, 2015, 87min.

El cine de Pietro Marcello
DANIELA PERSICO

Bella e perduta Imagen IntroConocí a Pietro Marcello en Venecia, el día después del estreno oficial de Il passaggio della línea (2007) en la sección Orizzonti de la Mostra d’Arte Cinematografica. Era su primera película que llegaba a un festival tan importante, y aunque estuviese rodeado de amigos y críticos que le demostraban total y absoluto apoyo, la primera cosa que me dijo fue: “¿Seguro que te ha gustado esta película? Fíjate, ¡yo volvería ya mismo a la sala de montaje y lo haría todo de nuevo!” Después de casi diez años, a pesar de los reconocimientos a sus sucesivas películas en los festivales internacionales más prestigiosos, de los premios recibidos y de los muchos homenajes que ya han sido dedicados al conjunto de su obra, Pietro Marcello no ha cambiado en su imparable inquietud, su implacable capacidad de trabajo y en su espíritu aventurero. Todavía hoy es capaz de acercarse a ti tras la proyección de su película, mientras truenan los aplausos, y decirte: “Tal vez podría haber trabajado un poco más…”.

La inestabilidad y la persistencia que se intuyen en las obras de Pietro Marcello son las dos trayectorias sobre las que se basa una posible lectura de su cine. Por una parte la intuición de construir un complejo puzle que podría contener otros posibles dibujos moviendo cada pieza. Por otra, la fuerte oleada emotiva que tiene lugar en el momento en el que de una pequeña pieza se puede extraer con toda nitidez el conjunto. De ahí la poderosa sensación de estar frente a un cine de lo posible, a veces lírico y potente, y otras veces liviano, siempre acogedor hacia quien lo mira y reinventa a su vez. “Películas que liberan la mente”, tomando prestada la célebre expresión de Fassbinder, porque justamente su carácter temporal invita siempre a nuevas lecturas. Pero también son películas que tienen la pretensión de declararse arte, siguiendo las palabras y el ejemplo de Aleksandr Sokurov, uno de los maestros de Marcello.

Esta dicotomía entre libertad extrema y construcción sofisticada se encuentra ya en su primer largometraje, Il passaggio della línea: el viaje en trenes nocturnos de largo recorrido por una Italia envuelta en las sombras de la noche, construyendo una geografía inédita del paisaje italiano. En la oscuridad afloran los suburbios de las grandes ciudades, amplias extensiones de campos abandonados, la aparición resplandeciente de un sol que al levantarse se refleja en el mar, pero sobre todo los viajeros de estos trenes, a veces totalmente indiferentes al paisaje que pasa a sus espaldas, otras veces absortos en pensamientos sobre un futuro esquivo y precario. En los trenes aparecen los rostros de una Italia que está cambiando, que tiene que enfrentarse con antiguas y nuevas migraciones, “viajeros diarios del abismo” que con sus voces rotas nos alejan del movimiento hipnótico del vehículo para transportarnos al centro de los conflictos sociales que afligen a Europa. Dar voz a sus problemas, pero también a sus deseos, en un coro de voces que se materializa en una serie de primeros planos que involucra a las personas que nunca han escogido un bando (por comodidad o por conveniencia).Los marginados son los verdaderos protagonistas del cine de Pietro Marcello, que con este primer documental llevó al terreno artístico las inquietudes que había desarrollado en su época como estudiante.

Frecuentador y trabajador cultural del DAMM (centro social extremamente activo entre finales de los años noventa y el inicio del nuevo siglo, nacido en un edificio napolitano terminado gracias a fondos públicos, pero pronto abandonado por parte del ayuntamiento), Marcello concilia la actividad como programador del cinefórum del lugar y de profesor con la realización de unos pequeños documentales con su colega Maurizio Braucci (que se convertirá en autor de los guiones de Gomorra y L’intervallo, además de ser coguionista de las obras de Marcello). Así nacen Il Cantiere (2004) y La baracca (2005), breves documentales ligados a “eventos”. La apertura del DAMM ofrece al joven documentalista la posibilidad de investigar una nueva relación entre los ciudadanos y el espacio público, mientras que el encuentro con Maurizio, un sin techo que se ha construido una casa con las “sobras” de la sociedad de consumo en el corazón de Nápoles, parece ser una anticipación de esos individuos fuera de la lógica impuesta por la sociedad contemporánea, que serán los protagonistas de sus próximas películas. El primero de todos es precisamente el Arturo de Il passaggio della línea, un anárquico de Bolzano que eligió vivir sin hogar, durmiendo durante cincuenta años en los trenes que van de su ciudad a Bolonia, conservando el sueño de una sociedad diferente, en fuga perpetua de una realidad que ha aplastado sus más altos ideales y sus más simples acciones.

La bocca del lupo Imagen Intro

El tono lírico, subrayado por una banda sonora de canciones de Marco Messina y Mirko Signorile, se basa principalmente en una precisa elección de montaje que dota de movimientos y velocidad internas a los propios encuadres, y a la progresión trágica de un viaje cuya alba no marca un verdadero renacimiento, sino una sensación de fin inminente. Ésta misma tendencia se transmite de algún modo en su siguiente película, La bocca del lupo (2009), sinfonía urbana que crea un diálogo original entre las imágenes del pasado de Génova (con sus movimientos ligeros y circulares) y una historia de amor en los suburbios de la ciudad (contada a través de encuadres nítidos y geométricos). A pesar del éxito de Il passaggio della línea, la ocasión para emprender este nuevo proyecto llega inesperadamente de los jesuitas de Génova, que ofrecen a Marcello y a su asistente Sara Fgaier (que a partir de esta película se convertirá en su editora y coproductora en la compañía L’Avventurosa) la posibilidad de quedarse en la ciudad para realizar una película sobre el estado de extrema pobreza y marginación de los barrios del centro. Caminando por esas callejuelas el director conoce a Enzo, un hombre de porte altivo y penetrante mirada, que cumplió una larga condena en la cárcel. A raíz de este encuentro empieza a desarrollar una compleja trama construida como un melodrama sobre la inestabilidad de la historia de amor entre Enzo y su pareja, Mary; y sobre la imposibilidad de la vida sencilla en medio de la industrialización de Génova. Partiendo de hombres forzados a los albores de la vida civil, que viven en cuevas en el puerto de la ciudad, el director opta a continuación por reconstruir el camino de regreso de Enzo desde la prisión hasta la casa de Mary, de quien escucha su voz protectora en una vieja cinta de casete: esa fue la única manera de mantener con vida su amor durante los años que Enzo pasó en la cárcel. Si al principio la tensión de la película se basa en averiguar quiénes son realmente Enzo y Mary, la segunda parte se concentra en los esfuerzos de ese amor por vencer y escapar de las clasificaciones morales y sociales. Estos dos incomprendidos son capaces de expresar un sentimiento más auténtico que cualquier otra pareja mostrada por el cine italiano reciente. El final utópico en el que el sueño de los dos protagonistas se cumple, alivia el sentimiento de aflicción que envuelve a la película, conectando la vida al juego de la gallinita ciega, danza fantasmal de una chica que trata en vano de atrapar los restos de una paz perdida.

En estas dos primeras películas se aprecia una evolución en la atención del autor hacia  el medio cinematográfico. En Il passaggio della línea reinventa la utilización de la cámaras de bajo coste, consiguiendo una expresión bruta y tosca, explotando las sombras y la neblina de los viajes. En La bocca del lupo pone en diálogo los viejos archivos cinematográficos con la abstracción de las nuevas tecnologías con las que se recoge la historia de Enzo y Mary. Todo ese trabajo confluye en el film-ensayo Il silenzio di Pelešjan (2011). Se trata de una obra de encargo, nacida por la llamada de Enrico Ghezzi (creador y director del programa nocturno de RaiTre FuoriOrario), cuyo objetivo era promover una película sobre Artavazd Pelešjan, director armenio muy querido por Marcello. Esta obra de transición, sostenida por el refinado trabajo de montaje de Sara Fgaier, pone en relación la cotidianidad de un hombre que tras retirarse vive alejado del mundo del cine, y la potencia visionaria de su obra. Pelešjan y Marcello se mantienen en silencio, hay tensión en sus miradas. El diálogo se produce solo a través de sus imágenes.

Il silenzio di Pelešjan Imagen Intro

El joven cineasta superó la prueba impuesta por el maestro Pelešjan. Fue otro de tantos momentos en los que Pietro Marcello ha demostrado su tesón. A pesar de los reconocimientos internacionales, el director sigue optando por auto producirse mediante su empresa, L’Avventurosa, convertida en un verdadero laboratorio artesanal en el que un grupo de personas se vuelca en cada proyecto, abarcando las diferentes labores creativas. Gracias a esa forma de trabajo ha sido posible la realización de Bella e perduta (2015), proyecto que sobre el papel hubiera asustado a cualquier interlocutor. El desafío de la película reside no sólo en situar en el centro de la narración a un animal, el búfalo Sarchiapone (siguiendo los célebres ejemplos de Au Hasard Balthazar de Bresson o Border de Harutyun Khachatryan), sino en llevar hacia adelante la historia tomando lo que llega de la realidad, siguiendo la enseñanza rosselliniana. La repentina muerte de Tommaso, guardián de la Reggia di Carditello –lugar abandonado por el estado italiano y acosado por la camorra–, en lugar de parar el rodaje, da un nuevo impulso a la necesidad de esta fábula, que convoca una máscara del Teatro dell’Arte (Pulcinella) para llegar a la autenticidad a través de la transfiguración total. Desde el reino de los muertos, Pulcinella retorna al de los vivos para cumplir una misión: ayudar al búfalo Sarchiapone a encontrar un nuevo dueño.

Los personajes parecen tomar vida a partir de las imágenes, cada uno de ellos es introducido mediante una pintura que los representa. Son animados por el gesto de una mano que al contemplarlos trae a la vida a estas figuras portadoras de una relación diferente entre los hombres y los animales (como versan los bellos pasajes de Carlo Levi en el corto de Marcello L’Italia umile (2014), obra que anticipa los temas desarrollados en Bella e perduta).

El único que tiene el poder de despertar la belleza perdida es el guardián Tommaso, humilde granjero que ha reaccionado al deterioro. Al igual que hicieron aquellos chicos del DAMM de Nápoles cuando intuyeron que un caserío abandonado por el Estado podía servir para reconstruir el tejido social de la ciudad, aquí Tommaso consagra su vida a preservar la belleza. Su gesto es el mismo que persigue Marcello, que en esta película, filmada con la fuerza del celuloide, da rienda suelta a su pasión por la tradición figurativa italiana, realizando una película que revela su formación artística (frecuentó cursos de pintura en la Academia de Venecia) y reformuló la pintura paisajística. Su capacidad para resistir y reinventarse película tras película, superando obstáculos para escapar de las tendencias dominantes y alejarse de los códigos, lo sitúan entre los que aún creen en el poder subversivo y civil del cine, condensado en la simplicidad de un gesto. Hubo un tiempo en que esa virtud era propia de los pintores. Hoy, sin embargo, se ha trasladado al reino de las imágenes en movimiento.

Traducción: Vanessa Badagliacca

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