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FOCO KHALIK ALLAH

Obras de Khalik Allah  que se proyectarán en FILMADRID:

Black Mother Imagen

Black Mother

Khalik Allah

  Jamaica, crisol de sinécdoques en las que transluce una identidad irreducible: la fertilidad, lo telúrico, el sedimento inmaterial encarnado en ancestros, un parto, paredes desconchadas, rezos, puestos de fruta. Tras Field Niggas, el segundo largometraje de Khalik Allah consagra a…

Estados Unidos / Jamaica, 2018, 75 min.

Antonyms of Beauty Imagen

Antonyms of Beauty

Khalik Allah

Antonyms of Beauty entremezcla fotografía y video en la primera radiografía urbana filmada de Khalik Allah. La película se abre a través de un encuadre que reúne los dos polos de la antinomia: tres afroamericanos posando con una patrulla del…

Estados Unidos, 2013, 27 min.

Field Niggas Imagen

Field Niggas

Khalik Allah

Field Niggas representa la culminación de un proceso y el aldabonazo de la coherencia y el talento desatados. Su título y el sonido de los segundos inaugurales -ruido de esclavos laborando en el campo- aluden, de forma más agitadora que…

Estados Unidos, 2014, 60 min.

KHALIK ALLAH: autenticidad y Black Power

Independientemente de lo que digamos, Khalik Allah es auténtico. Lo genuino -lo «real», en el slang de Harlem- nos confronta en la medida de su infrecuencia. Por una parte, invita al reconocimiento, infunde un respeto cómplice; por otra, la ausencia de doblez que evidencia -en el sentido de fines extrínsecos a su propia acción- lo torna vulnerable. Esto último acontece porque la naturaleza del compromiso, preocupada únicamente de permanecer incorrupta, alimenta en los que no son semejantes a ella el deseo de convertirla en marca. Pero lo sincero, lo verdaderamente honesto, no precisa portavoz: se expresa a sí mismo y su aura resplandece con un fulgor disimulado, sin provocar escándalo, alcanzando en profundidad tan solo la atención del inquieto. Por consiguiente, resulta contradictorio querer explicar las fotografías y los films que engrosan la producción de Khalik Allah, así como la pretensión de justificar su pureza, originalidad o inteligencia -cada espectador ha de enfrentarse individualmente con la obra y extraer sus consecuencias-. Se trata de algo más primordial, aunque, probablemente, menos lejano al espíritu que late en Antonyms of Beauty, Field Niggas o Black Mother: una muestra franca de apertura a la diferencia, un paradigma agudo de fraternidad desprendida y compasión.  

Khalik Allah (1985, Nueva York), fotógrafo y cineasta -si bien su labor, en la intersección de ambas disciplinas, puede identificarse con el retrato, lato sensu-, toma temprano contacto con la cámara, a los 14 años. Concretamente una Bolex, regalo materno que propicia sus domésticos e iniciáticos footages en Super-8 -posteriormente, tras descubrir la técnica del montaje, algunos de estos cortes serán incluidos en KHAMAICA (2014) y Black Mother (2018)-. Sin embargo, ya desde las primeras piezas transparece la actitud que fundamenta el eje de su identidad artística: la decisión de capturar el encanto desapercibido y la deferencia por todo lo que se presenta ante el objetivo, consustancial a la curiosidad y el talante del observador -por lo demás, ¿hay mayor gesto político?-. En 2010, después de pedir prestada a su padre una vieja Canon 81, el impulso de reflejar la realidad circundante lo posee por completo. Obedeciendo al llamado interior, y reaccionando contra la atmósfera anodina de su empleo en AMC Networks, que lo obliga a consumir 8 horas diarias de televisión publicitaria, Allah comienza a habitar las calles de Harlem, ávido de hallar una oposición balsámica frente a las estructuras artificiales de la existencia. 

Field Niggas 2

En este contexto se desarrolla el germen de lo que podemos asimilar como su estilo fotográfico: un trabajo de campo fraguado durante tres años, de madrugada y en la esquina que une la 125th St. con Lexington Avenue. Merced a la naturalidad y transparencia que involuntariamente -pero de manera muy consciente- irradia, apreciable desde la declaración veraz de lo que se persigue en cada interacción, Khalik Allah consigue penetrar el universo de las almas del barrio, condenadas, casi como estrategia desesperada de supervivencia, al comportamiento hostil respecto de lo extraño. Noche tras noche, mantiene conversaciones improvisadas -verdaderas- con transeúntes errantes, pandilleros y drogadictos, situándose en una posición que no juzga -pero sí comprende- a sus interlocutores: Allah sortea constantemente la sensación de estar llevando a cabo algo parecido al registro mecánico de opiniones, la investigación académica o frívolas encuestas. Por el contrario, estos testimonios combinan impresiones espontáneas sobre los aspectos vitales más trascendentes -«¿qué crees que sucede tras la muerte?»- con reflexiones a propósito del abuso policial o el impacto nocivo de la K2 en el vecindario -marihuana sintética distribuida legalmente, pero cuyo consumo, develando una mezquina paradoja de las fuerzas del orden, constituye objeto de delito-. 

Amparado en la confianza -incluso amistad- trabada jornada a jornada con la comunidad de este rincón de Harlem, Khalik Allah crea su corpus de instantáneas: por lo general, rostros en primer término, altamente contrastados y a color. Sube el material a  su perfil de Tumblr -http://khalikallah.tumblr.com/- y sus canales de YouTube -https://www.youtube.com/channel/UCnCK073-qpL_qzY24iYW31A- y Vimeo -https://vimeo.com/user15267558-, poniéndolo a disposición de cualquiera y brindando a los incrédulos que pudieren renegar del proyecto una prueba digital de fe. Pero también lleva consigo el celuloide y sus semblanzas en papel revelado, cuidadosamente protegidas entre las fundas plastificadas de un pequeño álbum. En muchas ocasiones, él mismo se encarga de enseñárselas o entregárselas a los protagonistas, que se sorprenden y conmueven al contemplar su propia faz de un modo inadvertidamente bello, con probabilidad ya olvidado o, sencillamente, tenido por imposible. El acervo de experiencias y retratos, recientemente publicado -en octubre de 2017- por University of Texas Press bajo el título de Souls Against the Concrete, es el humus que desencadenará la subsiguiente inmersión en el ámbito cinemático 

Antonyms of Beauty2

Así, Antonyms of Beauty (2013) entremezcla fotografía y video en la primera radiografía urbana filmada de Khalik Allah. La película se abre a través de un encuadre que reúne los dos polos de la antinomia: tres afroamericanos posando con una patrulla del New York Police Department a sus espaldas. El tono que recorre los 27 minutos de metraje es febril, proporcionando sucesiones de estímulos que logran aprehender el pulso de la 125th St. y Lex Avenue. Este retablo frenético puede entenderse como propedéutica o prólogo para Field Niggas, elaborada un año más tarde, durante el verano de 2014. Sin embargo, existen diferencias relevantes: la alternancia de blanco y negro con color, la convulsión de los movimientos de cámara, la notable presencia de la voz de Allah -en contraste con sus trabajos posteriores, que denotan una disminución progresiva a este respecto, aunque nunca total- o la introducción de imágenes congeladas, enhebrando un sugerente quiasma entre lo animado y lo estático.

Field Niggas (2015) representa la culminación de un proceso y el aldabonazo de la coherencia y el talento desatados. Su título y el sonido de los segundos inaugurales -ruido de esclavos laborando en el campo- aluden, de forma más agitadora que apologética, a Message to the Grass Roots, la intervención de Malcom X para la Northern Negro Grass Roots Leadership, pronunciada el 10 de noviembre de 1963, en la Iglesia Baptista King Solomon de Detroit. Rodada con una Lumix GH3 durante la nocturnidad estival de Harlem, entre los arrestos a causa de la K2 y las revueltas por la muerte -a manos de un oficial del NYPD- de Eric Garner, Field Niggas realiza un trasvase cinematográfico contemporáneo del espíritu abanderado por héroes como Toussaint Louverture, Denmark Vesey o Nat Turner. No obstante, su mayor poder reside en la fuerza de cada plano, erigida sobre la libertad y la sinceridad empática, que rebasa la ilustración del mensaje antirracista: Khalik Allah moldea una etnografía audaz y única del afroamericano marginal, un canto que reivindica la belleza agazapada tras las efigies sombrías de drogadictos, vagabundos o prostitutas, pero también, con análoga actitud prevenida de todo ademán inculpatorio -si bien atenta a las tensiones insoslayables que operan en su contorno-, policías blancos, el brazo ejecutor de un problema tan manifiesto como intencionadamente soterrado. 

Black Mother 3

Con Black Mother, Allah profundiza y sublima la travesía antropológica, que consolida su carácter como el destino de un cineasta consagrado. La prospección se extiende a la comunidad Maroon -ya prefigurada en KHAMAICA-, trasladando el acento a una perspectiva de mayor calado histórico -teorizada, principalmente, por John Henrik Clarke e Ivan Sertima, cuyo They Came Before Columbus aparece en la película sostenido por un niño jamaicano-, pero sin renunciar a la vocación humanista demostrada hasta entonces. Así, el film articula un crisol de sinécdoques en las que transluce su identidad irreducible: la fertilidad, lo telúrico, el sedimento inmaterial encarnado en ancestros, un parto, paredes desconchadas, rezos, puestos de fruta. Tras Field Niggas, el segundo largometraje de Khalik Allah acredita a su autor como figura única y referencial en los discursos cinematográficos a propósito de lo afroamericano. Black Mother es una meditación políticamente lúcida y formalmente hipnótica sobre las raíces negras de América, un mosaico dialéctico de voces y semblantes que se desnudan recíprocamente sin exhibición ni fingimiento. La urdimbre entre sonido e imagen, el amplio espectro de formatos y la potencia del relato vertebran un acercamiento íntimo pero reflexivo; también epidérmico y cautivador. Seguramente en ello radique el secreto de su capacidad atrayente: abordar una temática prolija sin incurrir en la caricatura, lo tergiversado o el sentimentalismo. El desarrollo de la obra fluye con la naturalidad de los procesos orgánicos: el ciclo del agua, la gestación.

Fintando el mínimo atisbo de manipulación o condescendencia, Khalik Allah se familiariza -en sentido literal- con aquello que retrata: desde los miembros de Wu-Tang Clan -las fotografías a Method Man o Inspectah Deck, Popa Wu: A 5% Story (2010), su documental sobre el patriarca del legendario grupo de hip-hop y la Five-Percent Nation, o los videoclips en colaboración con otros integrantes, como Don’t Turn Around, de Cappadonna- hasta la población anónima de un escondrijo de Harlem y el bullicio rastafari en las aceras de Kingston. Pueden traerse a colación numerosas referencias -por lo demás, tan admirables como pertinentes-: Roy Decarava, Gordon Parks, Jamel Shabazz, Leonard Freed, James Van Der Zee, Kevin Jerome Everson, Devin Allen, RaMell Ross, Malik Hassan Sayeed o Kahlil Joseph. Puede sostenerse que Antonyms of Beauty, Field Niggas y Black Mother son la mejor propuesta artística del Black Power en los últimos veinte años. Pero, por encima de todo, debemos reconocer que su verdad prístina permanece intacta, fiel a sí misma y no capitalizable por ningún museo, festival de cine o institución cultural: independientemente de lo que digamos, Khalik Allah es auténtico. Y nosotros lo celebramos, compartiendo con cada espectador la oportunidad de una personal comprobación. RAMÓN DEL BUEY

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