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Filmadrid 2017: Día 9

Filmadrid se reservó para uno de los últimos días del Festival un encuentro muy especial en el Petit Palace: el de Deborah Stratman, a cuya obra, que ofrece una mirada única sobre Estados Unidos, se le ha dedicado por primera vez una retrospectiva en España (que después de Madrid va a continuar en San Sebastián). Partiendo de las películas de la directora que se han ido proyectando en el Festival (acabando con una última sesión ayer en La Casa Encendida), Javier H. Estrada moderó este coloquio en el que, para empezar, se hizo referencia a los conocimientos de Stratman de ciencias. La autora comentó que ella estudió física, pero que en un momento determinado, entró en crisis con ese camino que había elegido, y decidió hace un cambio, pasando a las humanidades, el arte, la historia o los estudios sociales. Estos eran temas en los que no estaba interesada de joven, pero en los que se fue introduciendo debido a su pasión por viajar y recorrer diferentes sitios del país desde que se hizo universitaria. También afirmó Stratman que, al igual que pasa con la familia, para conocer un país hay que irse, que alejarse del mismo, y eso es de lo que se dio cuenta ella a mediados de los años 80. En cuanto a su creación de atmósferas, Stratman bromeó con el tema de que mucha gente le dice que cómo puede hacer películas tan deprimentes pareciendo ella una persona tan feliz, pero afirmó que el control social que existe en Estados Unidos en el siglo XXI, es algo de lo que no puedes desligarte. Como artista multidisciplinar, Stratman dijo que la gente y los sitios son los que determinan qué medio va a utilizar, ya que le gusta cambiar y cada medio tiene un aspecto especial. Hay veces que el cine no le ha valido para expresar lo que quería, y ha tenido que hacerlo a través de otras artes como la escultura. Habló también Stratman de lo que hay detrás de su cine y el tiempo que tarde en rodarlo. Por último, confesó su admiración por la gente pasional, que puede concentrarse al cien por cien en aquello que aman, o que simplemente saben lo que aman, lo cual no es nada fácil. Una manera de ir cerrando un foco muy especial del Festival, con el privilegio de contrar con la presencia de una personalidad tan interesante como Stratman.

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Ya por la tarde, en el Cine Doré, las sesiones estuvieron dedicadas por completo al foco de Fred Kelemen, de quien se proyectaron Frost (1997) a las 16h, Krisana (2005) a las 17:30h, y su última obra, Sarajevo Songs of Woe (2016) a las 19:30h. Centrándonos en la primera de ellas, que dentro de la filmografía de Kelemen es su segunda película tras las cámaras, nos encontramos con una clara evolución con respecto a su ópera prima Fate (que pudimos ver el pasado martes), no solo por su extesión, cercana a las 4 horas, sino a nivel simbólico y la manera en la que lleva al extremo las miserias que ya veíamos en aquella. Frost comienza como es habitual en el cine de Kelemen, con una noche que parece interminable. Sin embargo, pasada la primera hora de metraje, el rango temporal se ampliará, mostrando a una madre y a un hijo que iniciarán un viaje a ninguna parte. Porque, ¿dónde ir si no se tiene ningún sitio al que volver? Con una fotografía más realista, y motivos que se repiten a lo largo de la historia como el de los personajes dando la espalda a la cámara mientras hacen descubrimientos no deseados, Kelemen realiza un filme anacrónico en el que volvemos a encontrarnos con la lucha de una mujer por conservar algo de honra en un mundo dominado por los hombres, conjugando al mismo tiempo su labor como madre. Una de las más grandes sesiones que sin duda hemos tenido la suerte de disfrutar en este Filmadrid.

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A las 20:00h La Casa Encendida completó el aforo presentando las cuatro últimas películas de Vanguardias a competición. Una sesión muy especial, ya que se ha podido visionar Fajr, el nuevo trabajo de Lois Patiño, quien por tercer año consecutivo ha presentado una nueva obra en el certamen. Además, tras la proyección de los cuatro trabajos, el realizador pudo conversar con los asistentes acerca de su obra. La pieza de Patiño, rodada en Marruecos, es toda una experiencia estética de lo más experimental y hermosamente refinada. Un acercamiento al espacio desértico, pero también al movimiento continuo de dunas y mares, su solapamiento y la irrupción y difuminada desaparición de los elementos humanos y religiosos.  Antes se ha podido disfrutar del esperado cortometraje tunecino de Ismaïl Bahri Foyer. Sin duda una de las concepciones más originales dentro de la innovación cinematográfica actual. En él, encontramos como el director realiza una pieza de 31 minutos donde tan solo filma una lámina de papel. Los subtítulos en inglés de todo lo que se escucha fuera(?) de campo se visualizan en el centro de la imagen. A su vez, observamos, tal y como el cineasta señala durante buena parte del metraje, que está realizando un experimento. Este experimento consiste en captar la fuerza del viento en el momento en el que hace vibrar el papel y la luminosidad de lo filmado aumenta u oscurece. Es además Foyer en última instancia un ejercicio interactivo entre el director y las personas a las que filma sin mostrar, pero también con el espectador quien se ve forzado a imaginar las imágenes a partir del sonido y del texto leído en pantalla. La sesión se cerró con dos propuestas más, Calypso de Annalisa D. Quagliata, un ejercicio homérico donde se alude a La Odisea y donde la sexualidad se enfrenta desde diferentes formas cinematográficas a la imposibilidad de la sustitución del amor físico por el emocional; y por último, El brujo, la cinta peruana de Louidgi Beltrame, que juega con la superchería del país latinoamericano realizando un guiño directo a Los 400 golpes de Truffaut, para acabar regalándonos un ejercicio sobre el placer de filmar a Jean-Pierre Léaud.

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Por su parte, el Círculo de Bellas Artes se preparaba para sus últimas sesiones, comenzando a las 17:30 con el foco sobre comedia y absurdo en el cine iraní, ayer con una de las figuras fuertes de este año: la de Mani Haghighi, de la que se pudieron ver dos de sus películas. Empezamos primero con Men at Work, la cual Haghighi realizó sin presupuesto partiendo de una idea que le cedió su amigo Abbas Kiarostami, en la que cuatro hombre se encuentran con una roca al lado de un camino y deciden derribarla, algo más complicado de lo que en principio creían. Sin duda, la cinta desde el principio hace gala del absurdo y la comedia  que es la temática central de este ciclo, pero como se verá en otras obras del director, esto le sirve para hablar de situaciones personales y sociopolíticas de manera muy interesante y con un fondo dramático. La segunda película del día, Modest Reception (en la que Haghighi también actúa como uno de los dos protagonistas de la cinta junto a Taraneh Alidoosti, a la que ya vimos en Atomic Heart) lleva ese absurdo a un nivel más lejano todavía, en una película inclasificable que lleva al espectador de la desesperación a la risa en cuestión de segundos. El realizador iraní se encuentra en Madrid con motivo de este ciclo y a que su último trabajo será el encargado de servir esta noche de película de clausura (a las 22:00 en el Cine Doré), y tuvo a bien hablar tras las proyección de ambas películas, aportando datos de lo más interesantes como la ausencia de presupuesto en Men at Work asi como las pequeñas rencillas con Abbas Kiarostami sobre el camino a seguir en la historia de la cinta, o los problemas con la búsqueda de actores para Modest Reception puesto que la mayoría rechazaban el papel, incluyendo un actor conocido que abandonó la producción a 10 días de empezar a rodar, lo que le impulsó a tomar el rol en la cinta. También comentó la crudeza mucho mayor de algunas escenas en el guión, que acabó suavizando en el libreto definitivo. Se mostró en todo momento cercano y simpático. Sin duda un autor de lo más interesante, de quien hoy también podrá verse Abadan en la Casa Árabe a las 17:30.

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La despedida de la Competición Oficial de este año tuvo muy buena entrada, contando entre el público con cineastas como Jonás Trueba. La cinta escogida para este cierre ha sido la brasileña António um dois três, película dirigida por el joven realizador Leonardo Mouramateus. En ella nos muestra la vida de un joven afincado en Lisboa desde una narrativa compleja y original. Valiéndose de la repetición y las infinitas posibilidades de los sucesos al estilo de Hong Sang-soo, nos muestra una historia fragmentada que se reinterpreta a medida que sucede. Una radiografía de la capital portuguesa, de la lucha por el teatro realizado con pocos medios y las preocupaciones que abordan la cabeza de la juventud. En este caso, la relación con la figura paterna, su manipulación emocional para lograr ciertos objetivos, y, sobre todo, la odisea que supone superar sentimientos que deberían estar enterrados, pero también la facilidad con la que florece el amor de nuevo en otras circunstancias. Todo ello llevado con elegancia, buen humor y delicadeza. Una cinta deliciosa que da fin a una Competición que ha hecho del Círculo de Bellas Artes y el público que tan fielmente ha seguido las sesiones, sus mejores aliados.

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Para acabar el días, a las 22:30 tuvo lugar uno de esos eventos que hacen únicos al festival, las Vanguardias Live, que en este caso tuvo como responsable a la realizadora y miembro del jurado este año Randa Maroufi, que presentó en la Casa Árabe su particular obra en el patio de este precioso lugar. Around the Gate consistió en una valiente mezcla de imágenes en video, frases leídas en directo en diferentes idiomas y una impactante perfomance de los actores Ana Eulate y Amel Souaid, tanto en su labor vocal como en su desempeño físico, todo ello creando una performance que nos hico sentir el ambiente vivido en la frontera de Ceuta entre tierras españolas y marroquíes y los momentos difíciles y tensos que se viven en ese lugar. Esta obra de Maroufi seguirá desarrollándose a través de este año y el que viene, pero ya es todo un éxito, y la gente que pudo disfrutar en la noche de ayer de ello quedó profundamente impactada. Sin duda, todo un placer poder realizar este tipo de eventos dentro del festival.

 

Texto: Luis Suñer, Miguel Delgado y Sofia Pérez Delgado

Fotografías: Roberto Arosio, César García Rayo y Karolina Krinickaite

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