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Filmadrid 2017: Día 8

Parece que la presencia de Jonas Mekas en Filmadrid no ha hecho otra cosa que aumentar, literalmente, la llama del festival: contra la fuerte ola de calor que recorrió la ciudad en la jornada de ayer, la gente busca refugiarse en cines y lugares habilitados por el Festival, aunque hay valientes que decidieron lanzarse a una ruta cinéfila por la historia del cine español por las calles Madrid de la mano del docente, historiador y periodista Nico Grijalba. Y es que aunque ya nos vamos acercando a la recta final de Filmadrid, todavía queda mucho por ver y muchas actividades interesantes. Como no podía ser de otra manera, el día de ayer también acogió dos especiales encuentros en el Petit Palace. Primero hablamos con Randa Maroufi, autora de origen marroquí que ya estuvo el año pasado en el festival con Le Park y este año vuelve a la Competición Oficial con Stand-by Office, esta vez fuera de concurso, ya que en esta edición Maroufi es además miembro del jurado. Y por si fuera poco también ha organizado una de las Vanguardias Live de este año. Con ella hablamos de su educación en varios terrenos artísticos, pasando de Bellas Artes a la Comunicación Audiovisual.

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Tras presentarse a varios concursos, decidió consagrarse como cineasta, siempre con la influencia de haber crecido en Marruecos como telón de fondo de su obra. Otro tema que se trató fue el del espacio y la importancia que tiene éste en su cine. Maroufi ha trabajado tanto con espacios abiertos como con otros más íntimos como es en el caso de su última película. A través de lo que cuenta, intenta que el espacio se convierta en un arte por sí mismo y que los personajes se vean ligados a él. A coalición del lugar en el que se desarrolla el trabajo presentado este año, habló un poco de su colaboración con el grupo “We are here”, formado por refugiados en Ámsterdam que se dedican a ayudar a la gente en su misma situación. Maroufi quedó impactada por sus pancartas con su nombre, toda una declaración de intenciones respecto a su visibilidad, y se puso en contacto con ellos. No quería realizar un retrato documental de esta gente, sino escribir una historia con la crisis de los refugiados como base. También hubo tiempo para charlar de trabajos pasados, como el ya citado Le Park en el que la cámara se movía a través de unas personas inmóviles en una reflexión sobre aquello que no se puede ver en una fotografía introduciéndose directamente en una. También de la identidad en su obra, como el estudio que llevó a cabo para su primer cortometraje sobre culturas en relación a la igualdad, y la manera en la que enfoca la mezcla híbrida de ficción y documental en su cine, situándose en una ambigua frontera entre lo real y lo falso. Por último comentó su proyecto para Vanguardias Live, algo que le ha llevado mucho tiempo, pues se trata de un trabajo que empezó en 2015 y que espera continuar este año y en 2018, y al parecer será una mezcla de video, voz en off y notas de la propia autora. Una experiencia que sin duda no os podéis perder y que tendrá lugar hoy viernes 16 en la Casa Árabe (Calle de Alcalá, 62) a las 22:30.

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El segundo encuentro de la mañana fue con uno de los directores con un foco dedicado a su persona, en este caso el alemán Fred Kelemen, conocido por ser el director de fotografía de Béla Tarr y por sus propias obras como autor, que son las que están formando la sección tan especial sobre su persona. Lo primero que abordamos fue su trabajo como profesor, algo que nunca se había planteado, pero tras presentar su primera película, Fate, en el Festival de San Sebastián, se lo propusieron de manera insistente, y aunque en un principio lo rechazó, finalmente aceptó la propuesta y empezó a dar clases de cine en Barcelona, donde lo que más le interesaba era mostrar a sus alumnos muchas más alternativas del comúnmente conocido como cine mainstream. Después de esto se pasó a hablar directamente de los rasgos ideológicos autorales de sus películas, como esa gran presencia de la noche que Kelemen describe como un lugar, no como un tiempo, un sitio en el que uno entra y en el que ocurren cosas que no pueden pasar en otros momentos del día. La oscuridad es capaz de revelar aspectos sobre las personas que se ocultan tras la luz en el resto del tiempo. Estos aspectos (un paralelismo metafórico de la oscuridad intrínseca como parte de las propias personas), es lo que hace que veamos a alguien cómo es en su plenitud. Además, estéticamente, la ausencia de luz en la noche permite el uso de otras fuentes de luz artificiales y jugar con ellas, algo mucho más difícil durante las horas de sol. También comentó la idea del cine como una realidad alternativa completa, como un planeta que podemos visitar y en el que el autor sería como un dios, aunque siempre siguiendo las reglas que haya impuesto a ese universo, pues de lo contrario todo podría explotar, lo que significaría que la película no funciona. Otro tema importante tratado en el cine es su visión del amor, ya que en palabras del propio Kelemen, el amor no existe, sino que existe gente que ama. La idea del amor como algo abstracto no es real, y la creencia en este aspecto es un motivo de muchos problemas en las relaciones de pareja. Es un atributo, que tiene que ser vivido y celebrado, y también cuidado cada día durante su existencia. No se puede dar por supuesto que el amor está ahí y que nos pertenecerá siempre. Mantener este sentimiento es algo difícil pues crece detrás de nuestros miedos, de los problemas y de la miseria del mundo actual, y esto puede hacernos dudar sobre cómo protegerlo de este mundo. Es lo que él considera interesante, el punto de inflexión en el que puede estar cerca el final de ese amor. Es esta disyuntiva, cuando luchas por ello o cuando lo dejas ir, cuando se vuelve relevante. Una idea sin duda de lo más interesante.

En la charla también comentó cómo siempre intenta hacer algo nuevo en cada película, aunque no sepa si esto va a funcionar. Para Kelemen cada película es un campo de investigación. Por último tuvo tiempo de contar algunas cosas sobre su último trabajo Sarajevo Songs of Woe que podrá verse hoy a las 19:30 en el cine Doré. Con tres partes muy diferenciadas, como si de un cuadro tríptico se tratase, comentó cómo empezó a pensar en la cinta paseando por una calle de la ciudad, que encontró inspiradora. A partir de ahí comenzó a imaginar escenas que acabaron llevando a la película final, que intenta reflejar la situación de Sarajevo, que tras ver como varias religiones vivían pacíficamente en el lugar (por algo era conocido como el Jersualén de los Balcanes), la convivencia fue destruida por la idea de pureza étnica. Una idea que puede verse en muchos países de Europa en la actualidad y que es muy peligrosa puesto que esto no conduce sino a guerras. Para Kelemen, la idea de categorizar y diferenciar a las personas es inhumano, y esto solo puede llevar a pensar que unos son superiores a otros, una idea fascista y peligrosa. Con esto terminaron los encuentros del día, que como siempre nos sirvieron para aprender y para comprender mejor el cine de sus autores.

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Las altas temperaturas tampoco impidieron que acudiera un gran número de asistentes a La Neomudéjar a las 16:30h, y no era para menos: allí iba a tener lugar mesa redonda protagonizada por Jonas Mekas, acompañado de Ariel Schweitzer, Roger Koza, Deborah Stratman, Adolfo Arrietta, que definió a Mekas como el Mozart del cine, y Ezequiel Fanego, editor del libro Cuaderno de los 60 sobre el maestro, que también se presentaba en este evento. Mekas, a los 94 años de edad, demostró tener una energía envidiable, especialmente a la hora de defender vehementemente sus opiniones, como la de que no existe el término "cineasta experimental": cualquiera que hace cine es cineasta y nada más, no experimenta. Las anécdotas e historias de cómo conocieron los distintos participantes a Mekas se complementaron con algunas de las claves de su obra y de su manera de entender la actualidad. Una oportunidad única para escuchar a una personalidad que representa en sí mismo la Historia del Cine.

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Tras ello, la presencia de Mekas se trasladó al Cine Doré, donde volvió a dejar de manifiesto que es el maestro de la nostalgia, la melancolía y el instante recobrado. En Reminiscencias de un viaje a Lituania el cineasta, lituano de nacimiento, nos evoca su exilio autoinpuesto huyendo de la ocupación nazi cuando contaba cn solo 23 años, su llegada a Viena y a Nueva York y su necesidad de retornar a su tierra natal. Pudo hacerlo 27 años después de su partida y, ataviado con su primera cámara, narró cada instante que quería que permaneciese en su recuerdo: desde los paseos con su madre por el campo, hasta su miedo en el campo de trabajo. Disfrutar de esta cinta en pantalla grande y con su presencia ha sido un verdadero privilegio que ya nos produce melancolía por su fugacidad, pero que permanecerá como una importante reminiscencia entre los cinefilos madrileños.

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El hecho de que la presencia de Jonas Mekas arrastrara a centenares de madrileños a La Neomudéjar o al Cine Doré, no impidió que las sesiones previstas en La Casa Encendida acusaran la falta de público. La sala casi se llenó para poder visionar dos obras del foco de Deborah Stratman, quien al finalizar la proyección regresó de la mesa redonda con Mekas para contestar a las preguntas de los espectadores. La sesión nos dejó visionar dos cintas muy diversas entre sí. El primero de sus trabajos que se pudo ver es el cortometraje de 2003 Energy Country, una pieza donde la imagen y los colores se superponen a la vez que escuchamos diferentes grabaciones extraídas en off. Stratman confecciona una sinfonía visual psicodélica que resalta el fanatismo religioso y conservador de aquellas voces que se lamentan del rechazo de Europa a la incursión de Estados Unidos en la guerra en Irak.  Por otro lado, el documental de 1999 The BLVD, filmado en un cámara digital, renuncia a la manipulación visual o auditiva con tal de plasmar retazos de verdad que captura con ella. Realiza un acercamiento a la comunidad negra urbana y sobre todo, a su afición por todo lo que rodea a la automoción y a las carreras ilegales que llevan a cabo.

Seguidamente, a las 20:00h hemos podido disfrutar de una nueva sesión de Vanguardias que ha gozado de una entrada aun mayor a la anterior, presentada por la programadora Andrea Morán haciendo énfasis en las posibilidades que nos ofrece la simbiosis entre palabra, palabra escrita, sonido e imagen. El cortometraje Rubber Coated Steel  de Lawrence Abu Hamdan es sin duda una de las obras más estímulantes que se han podido ver en el día de hoy. El cineasta nos presenta un entramado judicial donde se juzga la muerte de dos palestinos por parte de un soldado israelí. En imágenes tan solo observaremos un campo de tiro y unas imágenes que ser acercan y alejan de nuestra perspectiva. La ausencia de sonido da voz a unos subtítulos que reproducen la conversación entre el juez, el fiscal, la defensa y el testigo. Este último forense cuyo análisis se centra en el sonido de la bala que impactó el cuerpo de las víctimas, surgiendo la denuncia de que el militar utilizó munición real disfrazando su sonido. La cinta triunfa a la hora de abordar el sonido desde la palabra, y las imágenes, dándole una nueva dimensión a ese campo de estudio y sus posibilidades dentro del campo del lenguaje audiovisual. Por otro lado, se ha proyectado el mediometraje polaco Rudzienko de Sharon Lockhart. En él se juega con la concepción del subtítulo y su desincroniación con la imagen. Así pues, se rompe esta concepción y se intercalan escenas donde los diálogos en inglés son transcritos minutos antes o después de que las protagonistas dialoguen entre ellas.

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La única sesión que tuvo lugar en el Círculo de Bellas Artes comenzó a las 22:00 con un autor de renombre, ni más ni menos que Sion Sono, que se encuentra dentro de la Competición Oficial con Antiporno. Una sala casi llena se enfrentó a la reinterpretación del “Roman Porno” (género erótico japonés de éxito en la década de los 60 y 70) al particular estilo del nipón, disfrutando de un exceso tanto narrativo como visual completamente estimulante, capaz de llevar de la mueca de desagrado a la caracajada con una simplicidad absoluta, mientras aprovecha para hablar de la crisis de identidad, de la banalidad en el arte de élite intelectual y de la represión sexual, entre otras muchas cosas. Una apuesta curiosa pero sin duda ganadora, y más viendo la recepción general de tan exótica obra. Al mismo tiempo que la película de Sono, tenían lugar dos sesiones especiales: en el Cine Doré, y dentro del foco de Fred Kelemen, se proyectaba Nightfall, un nuevo relato de su director narrado en una noche turbia y personajes atormentados, con un coloquio posterior; y en el hotel Petit Palace Savoy Alfonso XII, Júlio Bressane presentaba su filme underground, repetitivo y perdido durante bastante tiempo Memórias de um Estrangulador de Loiras, también con la presencia posterior de su director. Tres planes muy diferentes pero igualmente estimulantes para acabar el día.

 

Texto: Miguel Delgado, Luis Suñer, Jorge Fernández-Mayoralas y Sofia Pérez Delgado

Fotografías: Roberto Arosio y Karolina Krinickaite, 

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