Olaf Möller: «El cine nunca me ha decepcionado»

Ya está abierto el plazo de matriculación para el curso “The longest moment when everything seemed possible. The New American Cinema Group”, que impartirá el crítico y programador Olaf Möller en La Casa Encendida del 6 al 9 de junio, dentro de la quinta edición de FILMADRID. Aquí puedes consultar todos los detalles sobre el seminario y en este enlace tienes acceso directo a la matrícula. Las plazas son limitadas hasta completar aforo.

Para profundizar mejor en la figura de Möller y su trayectoria como crítico, teórico y programador de cine, recuperamos esta entrevista que concedió a MUBI y en la que cuenta cómo nació su interés por las películas, cuál en su opinión es el objetivo de la crítica de cine, y cómo define su escéptica relación con la cinefilia contemporánea.

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Dmitry Martov: Varias veces has contado que de joven, a raíz de tus visitas a la cinemateca de Colonia, tus hábitos a la hora de visionar películas se sistematizaron. ¿Fue un esfuerzo consciente por tu parte de adherirte a un sistema o simplemente ibas siguiendo la programación?

OM: Lo segundo, aunque no puedo decir que los programas estuvieran bien organizados. Esos fueron los últimos días de la Guerra Fría, cuando la cultura contaba para algo y cada nación estaba interesada en presentarse a través de sus mejores y más brillantes expresiones artísticas. Por ejemplo, un mes se mostraban «Obras maestras del cine soviético», al mes siguiente «Las obras completas de Kurosawa Akira», luego «Liverpool: Ciudad de cine», «La retrospectiva de Marco Ferreri», etc. Tanto los institutos culturales como las embajadas querían proyectar películas, a menudo invitando a los directores. Fueron días felices.

Pero supongo que preguntas por la espinosa pregunta del canon. La respuesta es que vi lo se programaba en la Cinemateca y luego comencé a profundizar en todo lo que sentía más cercano, como los cines de Japón o Hong Kong, ya sin presiones canónicas. Sin embargo, era consciente, por supuesto, de su existencia porque había un repertorio cinematográfico que trataba el canon, ahora tristemente también desaparecido. La sala de cine Lupe 2 mostraba de manera bastante regular películas consideradas «esenciales»: los habituales Rossellinis, Pasolinis, Bergmans, Eisensteins, Welleses, Antonionis, Fellinis, Godards, etc. Muchas de ellas eran anunciadas como “¡La mejor película del mundo!» pero como las mostraban una vez cada seis meses sentías que podías saltártelas, siempre había algo más raro para ver aquí y allá… Al final, el Lupe 2 y los clásicos fueron para los meses de verano cuando la Cinemateca estaba cerrada por vacaciones. Además, al ser películas tan respetadas sonaban poco atractivas y temo decir que muchas de ellas lo son.

DM: ¿Recuerdas la primera película o programa de cine que te impresionó?

OM: No. Supongo que sería algo de Kurosawa. Lo que sí sé es que lo vi en la televisión y no en el cine. La televisión era extremadamente importante ya que el WDR en Colonia estaba haciendo un trabajo extraordinario en ese entonces: Giuseppe De Santis, Frederick Wiseman, Georges Franju, Max Ophüls, Joseph H Lewis, Jack Arnold, Jesse Hibbs, Johan van der Keuken. Me metí en todo esto gracias a su programación, que no solo consistía en las películas en sí, sino también en documentales especialmente producidos para acompañarlas. Todavía les estoy agradecido.

DM: En tu primera columna «Books Around» en Cinema Scope contabas que habías propuesto esa sección habitual sobre libros de cine con la condición de no tener ningún límite respecto a los idiomas de los libros que quisieras reseñar. Para ti, ¿qué fue primero, el interés por los idiomas o el interés por el cine?

Olaf Möller: Los idiomas. He sido un lector obsesivo desde que he podido leer. Amo los libros. Quiero decir, mi piso es básicamente libros, libros, libros. Claro, también algunos DVDs y cintas, y una cama y esto y aquello, pero principalmente libros. Mi interés por el cine se desarrolló paralelamente a mi interés por la lectura, sin que yo realmente lo notara. Ver películas era algo tan común que ni siquiera lo pensaba. Solo cuando me enteré, a la edad de 12 o 13 años, de que hay (bueno “había”) una filmoteca en Colonia, empecé a desarrollar un interés más educado en las películas. Empecé a ir casi a diario, siempre que el dinero y los horarios de  mi equipo de balonmano me lo permitían y vi más o menos todo lo que se iba programando. Pensé: si quiero entender realmente el cine tengo que saberlo todo y, por lo tanto, ver películas de todos los géneros desde el nacimiento del cine hasta ahora. Todavía lo creo, y el cine nunca me ha decepcionado. El arte continúa creando cosas que me encantan y me iluminan.

DM: ¿Cuándo se entrecruzaron tus intereses en el cine y en la palabra escrita? ¿Por qué decidiste convertirte en crítico de cine?

OM: Por extraño que parezca, nunca pensé en ser crítico de cine. Yo procedo de la clase obrera así que trabajos como ese eran para otros. No significa que mis planes fueran convertirme en un trabajador de una fábrica, como mi padre, solo que haría algo más… Ser clase media, alguien respetable y obviamente útil, convertirme en un científico o algo así. O en un deportista profesional. Definitivamente algo que enorgullecería a mis padres. Es triste decirlo, no fui lo suficientemente bueno en el deporte y no era apto para la ciencia ni nada respetable en general. ¡Mis pobres padres! No, al final, fue mi profesor de alemán, Jochen Hufschmidt, quien dijo que debería ser crítico de cine, ya que veía películas todo el tiempo, tenía un gran talento para escribir y, sobre todo, tenía la actitud correcta. Conseguía interesar a la gente en cosas que me gustaban, podía argumentar mi caso con lucidez y no me importaba lo que pensaban los demás o si me metía en su territorio. Eso es lo que él dijo. Yo solo respondí “ajá”. Y luego traté de averiguar lo que realmente hace un crítico de cine …

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DM: ¿Cuál es, en tu opinión, la misión de un crítico de cine, si existe? ¿Tienes algún consejo para los críticos novatos?

OM: Sobre la misión: Ilumina y entretiene a tus lectores, preferiblemente al mismo tiempo, es decir, tu escritura será como una buena película. Y como consejo: Sigue tu propio instinto y no tengas miedo de quedar como un gilipollas.

DM: Después de demasiados pronunciamientos sobre la muerte del cine, el último cadáver del día parece ser la crítica cinematográfica. ¿Hay un futuro para tu profesión?

OM: Mientras haya arte, necesitaremos dotarle de sentido. Mientras estemos hablando de una cultura burguesa como la que vivimos aquí y ahora. Es así de simple. Pero «darle sentido» es algo muy diferente de tener una opinión al respecto, por muy bien expresada que pueda ser. Todo el mundo tiene una opinión, pero es el crítico quien puede discutir la suya, hacer de ella su contribución al trabajo diario de la sociedad sobre el bien común. Suena como si estuviera tallado en piedra. [Risas]

DM: Siempre es sorprendente, refrescante y, debo decir, educativo ver tus listas de lo mejor del año. Parece que el 99% de los críticos están viendo exactamente las mismas películas, mientras que tu top 10 o, en tu caso particular, tu top 11 parecen informes procedentes de un planeta cinéfilo alienígena. ¿Cómo encuentras tiempo para ver tantas películas? ¿Cuál es tu secreto?

Las listas son un tema difícil. Un amigo cineasta me dijo una vez: ¿No sería interesante si todos pusieran en sus listas las cosas que realmente les han gustado en lugar de las cosas que todos pensamos que nos deben gustar? Bueno, supongo que algunas listas están hechas por personas que piensan que tienen que mostrar las cosas generalmente respetables para que todos los demás puedan ver que son respetables.

Pero la verdad es mucho más simple: los sistemas tienen una necesidad de replicarse a sí mismos. Es decir, todo sistema apoya a aquellos que generalmente lo apoyan; por lo tanto, las personas con un gusto más compatible con la inteligencia media ascienden en el mundo de la crítica de la inteligencia media. Y ahora podrías preguntarte: ¿Cómo demonios sobrevivo yo en todo esto? Muy simple: cada sistema necesita su resistencia incorporada, su casualidad, su error que hace visible el funcionamiento de la estructura general. Soy el error necesario. También podrías decir que soy el bufón de la corte…

Yo no soy un cinéfilo. Miro películas porque quiero y necesito aprender sobre el arte con el que estoy lidiando día a día. Solo estoy aprendiendo y dejando que otras personas participen de eso si les resulta útil o no, quién sabe. Toda esta charla sobre la cinefilia de hoy en día me hace sentir incómodo. Hace un tiempo me topé con un blog en el que la gente discutía si su Top Ten era lo suficientemente cinéfilo o no, si tenían el tipo correcto de películas, y si la mezcla entre títulos supuestamente cinéfilos y títulos supuestamente mainstream era adecuada. Eso realmente me confundió y me deprimió, aunque luego me di cuenta de que muestra solo una cosa: la cinefilia es un tipo de orden, y me hace pensar en los rituales de la fraternidad, los apretones de manos secretos y las palabras clave. “¿Costa? ¿Hellman? ¡Venga, deja entrar a este tipo!” Las cosas no deberían ser así. Es que ni suena divertido. Pero siempre hay esperanza, siempre.

 

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