Crítica My Dear Friend por Antonio Ramón Jiménez Peña

La confrontación entre lo urbano y lo rural y, por extensión, entre lo viejo y lo nuevo se ha convertido en una destacada raíz del árbol de las cinematografías asiáticas. Y My Dear Friend (2018), el prometedor debut de Yang Pingdao, germina de la semilla de esta continua contradicción. La cinta narra la llegada de Jing Jing, una joven de ciudad, a un pequeño pueblo del sur de China en el que espera encontrar a su novio. En la aldea, la joven termina conociendo a Fang y Shuimu, los abuelos de este, en un entorno que le supone un desafío constante y del que nace una tensa relación entre el espacio inmutable recogido en la imagen y la ocupación foránea de la misma. My Dear Friend está filmada con cámara al hombro y aspiración observacional, poniendo de relieve este continuo desencuentro: Jing Jing, con frenéticos movimientos y continuas salidas de cuadro que la convierten en una nerviosa enredadera ansiosa por expandirse, aparece completamente encerrada en encuadres sosegados repletos de personajes que, como briznas de hierba, se mantienen enraizados en la imagen, estáticos ante una mirada que pretende captar el naturalismo campestre.

La preocupación por la urbe contemporánea en China era también el objeto central del malogrado Hu Bo en An Elephant Sitting Still (2018), que conforma un interesante díptico con el debut de Pingdao. Mientras que la obra de Hu Bo centraba su puesta en escena en la persecución asfixiante de los personajes que pueblan el film, de espaldas y con composiciones en las que destacaba una perspectiva marcada por fuertes líneas diagonales derivadas de altos y simétricos edificios de la ciudad-selva, Pingdao construye sus imágenes en busca de la conciliación de lo urbano y lo rural  mostrada a través de la evolución de Jing Jing, que pasa de su rechazo inicial a la mimetización con este nuevo entorno. Según avanza el metraje, la joven comenzará a relacionarse con Shuimu y Zhongsheng –su amigo mudo y sin recuerdos de su infancia–, y estos le rogarán que les ayude a descubrir el pasado del silente anciano antes de que su vida se marchite. A raíz de esta búsqueda, la película se pliega hacia una odisea en la que resuena la travesía onírica de Largo viaje hacia la noche (Long Day’s Journey into Night, Bi Gan, 2018), en busca de un lugar perdido donde recuerdo, sueño y realidad chocan como hojas caídas de un mismo árbol. My Dear Friend cierra el periplo de sus personajes hacia su identidad con un destello fugaz en una significativa escena: Zhongsheng quema sobre una ladera los recuerdos de una vida pasada, esperando a que sean pasto de las llamas y sólo queden las cenizas. Y, mientras el fuego se consume, la hierba permanece.

Antonio Ramón Jiménez Peña


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