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Frost Imagen

Alemania, 1997/1998, 201min.

PROD: Fred Kelemen, Björn Koll. // GUIÓN: Fred Kelemen. // EDICIÓN: Klaus Bieberthaler. // FOTO: Fred Kelemen. // MÚSICA: Charles Mori. // INTÉRPRETES: Paul Blumberg, Anna Schmidt, Mario Gericke, Harry Baer.

SECCIÓN:

FECHA: Miércoles 14 de junio
CINE: Filmoteca Española - Cine Doré Sala 2
HORA: 18:00

Con el apoyo degoethe-institut

Frost

Fred Kelemen

Una mujer y su hijo de 7 años escapan, en Nochebuena, de su marido borracho y del sórdido sótano donde viven, y parten para un largo viaje hacia la casa donde ella pasó su infancia, en algún lugar de Alemania.

El plano inicial de Frost, como en Stalker de Tarkovsky (1979), muestra lo aparentemente milagroso: un niño que flota dormido al lado de una callejuela vacía en Berlín. El encuadre se amplía gradualmente, sin embargo, la toma demuestra que el chico, Micha (Paul Blumberg) de 7 años, está apoyado en los hombros de su padre borracho. Este último (Mario Gericke) lucha por volver a casa de forma sonámbula. Frost tiene lugar en ese espacio desoladamente liminal entre el final de un año y el comienzo de otro. Como una ardua caminata de 201 minutos, la película de Navidad más oscura de todas es una road movie despojada de lo esencial: el descenso hacia un infierno cada vez más abstracto, congelado. Siendo una historia de fuga, Frost invierte el modelo de Stalker: si en aquella película tres hombres adultos acordaban dirigirse hacia un lugar remoto, en esta dos peregrinos más vulnerables –una madre y su hijo- luchan por escapar. MICHAEL PATTISON

A woman and her 7-year- old son escape, on Christmas Eve, from her drunk husband and their squalid basement home, and set off on a long journey towards her childhood home, somewhere in Germany.

Frost’s opening shot — like something in Tarkovsky’s Stalker (1979) — depicts the seemingly miraculous: a young boy floating, asleep, along an empty Berlin backstreet. As the frame gradually widens, however, the shot reveals that the young lad — seven-year-old Micha (Paul Blumberg) — is propped up on his drunken father’s shoulders, the latter (Mario Gericke) struggling somnambulantly back home. Frost is set in that bleakly liminal space between the end of one calendar year and the start of another. A slow-burn, 201-minute trudge, this blackest of all Christmas films is a road movie stripped down to essentials: a descent into an increasingly abstract, frozen-over hell. Being a story of escape, Frost inverts the pattern of Stalker: if that film involved three adult men negotiating their way into an unknown place, this involves two more vulnerable pilgrims — a mother and her child — struggling to get away from one. MICHAEL PATTISON

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