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Lav Diaz

Foco realizado junto al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y la Filmoteca Española y gracias a la ayuda de la Embajada de España en Manila.

Lav Diaz (Filipinas, 1958) es un artista versátil. Empezó siendo guitarrista, continuó escribiendo poesía y relatos breves, hasta que llegó al cine. Desde finales de los años noventa consagró su vida a este arte hasta convertirse en uno de los cineastas independientes más premiados en los últimos años, produciendo obras que pasaron inmediatamente a la historia del cine por la fuerza de su estética y por su particular concepción del tiempo.

Evolución de una familia filipina (2004), obra aclamada en Toronto y Rotterdam, tiene una duración de once horas. Melancholia (2008), Gran Premio de la sección Orizzonti de Venecia, alcanza las ocho horas. Esto ha ocasionado que el cine de Diaz sea a veces más reconocido por su extensión que por su incontestable calidad. Se trata de películas monumentales, de una belleza y complejidad cercana a la novela total (de hecho, la literatura de Dostoievski es un referente capital de su cine). Esa duración permite vislumbrar y comprender en profundidad los avances y las tragedias de la Historia, así como la manera en que nacen y se cruzan los trazos invisibles que definen las sociedades a través de sus conflictos morales, políticos o espirituales. Diaz se ha convertido en el gran cineasta de la memoria filipina reciente y en uno de los autores más importantes del cine contemporáneo.

Además de la mencionada Evolución, FILMADRID proyectará Century of Birthing (film que participó en el festival de Venecia en 2011), From What Is Before (ganadora del Leopardo de Oro a Mejor Película en el festival de Locarno 2014) y su película más reciente, la "breve" Storm Children: Book One.

Obras de Lav Diaz que se proyectarán en FILMADRID:

 

Century of Birthing Imagen 1

Century of Birthing

Siglo ng pagluluwal

Lav Diaz

Un artista trata de terminar su obra. Se imagina una historia sobre una secta religiosa. El fundamentalismo va a destruir el mundo. El artista destruye a su musa en el proceso, pero finalmente la redime. Después de 10 largometrajes, en…

Filipinas, 2011, 355min.

From What is Before Imagen 1

From What is Before

Mula sa kung ano ang noon

Lav Diaz

Suceden hechos misteriosos en un barrio remoto. Se oyen gemidos que vienen del bosque, las vacas son asesinadas a machetazos, encuentran a un hombre desangrándose en un cruce y algunas casas están siendo quemadas. Las operaciones militares empiezan a convertirse…

Filipinas, 2014, 338min.

Storm Children - Book One Imagen 2

Storm Children – Book One

Mga anak ng unos

Lav Diaz

El paisaje tras la batalla. Storm Children - Book One escarba en los daños causados por el tifón Yolanda en Filipinas, que azotó las islas en noviembre de 2013. Los buques de carga arrojados por el mar yacen entre los…

Filipinas, 2014. 143 min. , 2014, 143min.

Estreno en españa

Evolution of a Filipino Family Imagen

Evolution of a Filipino Family

Ebolusyon ng isang pamilyang Pilipino

Lav Diaz

Un retrato colosal que captura con la misma emocional lo íntimo y lo colectivo: las Filipinas durante la etapa más cruenta del régimen de Ferdinand Marcos (1971-1987) observadas desde el punto de vista de los Gallardo, una familia cuyos miembros…

Filipinas, 2004, 630min.

Evolución de un cineasta filipino
Noel Vera

El estilo visual y narrativo de Lav Diaz (nacido en Mindanao, Filipinas, en 1958, y cuyo nombre completo es Lavrente Indico Diaz) ha experimentado constantes cambios desde su primera producción, Burger Boys (1999) –la historia de un atraco, tan surrealista que el propio productor pospuso su estreno–, pasando por su primer largometraje comercial The Criminal of Barrio Concepcion (1998), hasta su primera obra realmente personal, de cuatro horas de duración, Batang West Side (2001)

Evolution of a Filipino Family (2004) se podría considerar como la versión de Lav Diaz de Novecento (1976), la famosa obra de Bernardo Bertolucci. Con un metraje de 10 horas y 47 minutos, nos relata una historia épica y peligrosamente ambiciosa, con un trasfondo histórico-político. Si la película tiene algunos “peros”, esos serían los saltos confusos entre video de formato digital y de 16mm de, aunque su “culpa” se podría perdonar por las propias circunstancias: por un lado, Lav no pudo recaudar fondos para conseguir más película de 16 mm; por otro, sus aspiraciones de ser ni más ni menos que una crónica de acontecimientos históricos mayores, como los acaecidos el 21 de septiembre de 1972 (que incluyen la declaración de la ley marcial establecida por el expresidente Ferdinand E. Marcos), pasando por su caída en 1986 y sustitución por Corazón Aquino, hasta la Masacre de Mendiola un año después, en la que unos campesinos que protestaban fueron acribillados por la policía (fue en ese momento cuando el mandato de Aquino perdió su brillo), todo siempre visto a través de los ojos de dos familias filipinas.

Para ser una obra de semejante envergadura (duplica la duración de la versión más larga de la obra maestra de Bertolucci) es tremendamente austera: fue la primera incursión de Lav en el video digital, a la vez que su primer intento de rodar en blanco y negro (comenzó a filmar en 16mm en 1994). Además, la puesta en escena es asombrosamente ligera, sin dar excusas ni explicaciones salta del pasado al presente, de la ficción al documental, de una familia a otra.

Si en la película de Bertolucci encontramos un caos de violencia, sensualidad y color, la película de Lav está construida con elementos muy atípicos y extraños: por un lado una serie de radionovelas que sirven tanto de comedia ligera y refrescante como de parodia para poner de relieve la tendencia de los típicos melodramas filipinos; por el otro una trama secundaria sobre la operación de la Administración de Marcos para intentar asesinar al cineasta Lino Brocka, que aparece al final del largometraje en forma de coda, y cuyo título es A Tale of Two Mothers.

Sin embargo, más que su duración, su imagen en blanco y negro o sus largos silencios, Evolution es quizás el mejor y más completo intento de capturar la calidad, el sabor del entorno y la vida de las Filipinas de provincias. Arrozales y bosques del altiplano; plantaciones y cosechas, el calor criminal de mediodía y la absoluta obscuridad de la noche en el campo. Diaz lo filma todo, filma todo lo necesario para que podamos saborear la vida y el tipo de existencia, sin medida, de la gente que vive en estos entornos tan diferentes. Mujeres que caminan por una vereda, se sientan a descansar, se ponen de pie y continúan; una par de chicos que juegan a luchar, se paran a descansar, vuelven a luchar un poco más. Así es la vida cotidiana de las provincias, y si nosotros, urbanitas, pensamos que nos volveríamos locos intentando vivir de esta manera, deberíamos preparamos: la civilización vista desde lejos no es nada más que un minúsculo punto en la gran pantalla de la existencia. Quizá hacía falta que pasaran dos siglos para poder cambiar de la vida del campo a un bloque de apartamentos de la ciudad, y después regresar al campo.

Lav llevó la estética de Evolution (larga y pausada, en blanco y negro) a otras películas como Heremias Book One: Legend of the Lizard Princess (2006), Death in the Land of Encantos (2007), y Melancholia (2008).

Encantos es especialmente interesante, ya que en ella Lav establece un contraste entre el asombroso paisaje filipino y las preocupaciones existenciales de sus protagonistas. Encantos se filmó justo después del paso del tifón Reming (conocido internacionalmente como Tifon Durian) y la lucha interior del protagonista corresponde con el paisaje totalmente arrasado.

Después de 10 largometrajes, en Century of Birthing (2011) Lav dirigió finalmente la cámara hacia sí mismo, o al menos hacia una analogía de él mismo: un cineasta llamado Homer –Homero en español– (la referencia parece descabellada, pero quizás no lo es tanto si se considera su posición patriarcal para la última hornada de cineastas independientes filipinos), que intenta acabar una película titulada Woman of the Wind. Mientras la escribe, podemos ver partes de las diferentes historias, por ejemplo la de una monja que intenta sentir cómo es la “vida real” a través de una relación sentimental con un expresidiario. La historia de la monja avanza paralela a la de otra mujer, una “hermana” perteneciente a una secta, que es seguida por un fotógrafo interesado en entrar en la congregación. A su vez, estas historias corren paralelas con otro relato femenino: el de una mujer empleada en un centro de atención al cliente, que mantiene su embarazo en secreto y que (cerrando así el círculo) se encuentra con el director de cine (un viejo amigo) de camino hacia el campo.

Además de las mujeres, el sexo, la muerte y el embarazo, la película trata sin tapujos la locura ciega del fundamentalismo religioso. Lav presenta con sumo cuidado una de esas sectas alternativas que manda a sus fieles a la calle a cantar y repartir folletos, pero cuyo líder insiste en que sus seguidoras guarden la castidad, se asegura de que sean vírgenes (aunque sin exigir lo mismo a los hombres). Lav parodia la importancia que el catolicismo otorga a la castidad sexual, cómo se transforma a la mujer en un objeto situado en un pedestal junto con la palabra VIRGEN grabado en piedra.

Se utiliza el sexo como medio para interrelacionarse, como vía para crear almas humanas, como fuente de traumas y neurosis y, finalmente, como causa del terror. El líder de la secta, que a primera vista detesta el sexo, se revela finalmente como un demente, le vemos mirándose en el espejo: puede que su insistencia en la castidad sea su mejor manera de decir que el mejor concepto de amor es el de amarse a sí mismo.

Las distintas historias se reflejan entre sí, repiten motivos visuales y narrativos, organizados de maneras complejas, se distorsionan los caracteres, llevados de la realidad a la ficción (y viceversa). Al final sus circunstancias trascienden (o se deterioran), de modo que la tortuosa experiencia que vivió Lav para producir su película (Woman of the Wind era un proyecto real que nunca llegó a terminar) se convierte en ese difícil proceso de 6 horas sobre mujeres “pariendo” sus respectivos destinos, y que acaba con una campesina dando a luz a un niño no deseado, consecuencia de haber sido violada. El director, de pelo largo, muy parecido al que lleva Lav habitualmente, observa horrorizado la escena de este proceso tan natural como terrible, y solo puede responder riéndose: un señal de aceptación, de rechazo o de locura, imposible saberlo a ciencia cierta. Lo mejor que podemos esperar es que el niño recién nacido no haya sufrido demasiado…

La película Norte, the End of History (2013), presentada en la sección Una cierta mirada del Festival de Cannes, no refleja muchas de las características más reconocibles de su cine: se rodó en color, involucró en ella a varios guionistas (Rody Vera, y aportaciones de Michiko Yamamoto y Raymond Lee) y se rodó con un ritmo más acelerado. En From What is Before (2014) parece que Lav vuelve a su estilo más habitual, rodada en blanco y negro, escrita por él mismo y con un ritmo más pausado…

La película arranca con la leyenda Pilipinas, 1970, el momento de un pasado en el que Diaz jamás se había adentrado. Un niño camina hacia la pantalla arrastrando un enorme racimo de plátanos, se tropieza y se escuchan sus palabras: “Esta historia viene de un recuerdo….”. En pocas ocasiones Diaz ha empleado la “voz en off”, pero nunca como narrador en tercera persona, el que cuenta la historia. Este recurso aparece pronto en la película y suponemos que lo usa para llevarnos a los recuerdos lejanos del propio narrador. Se crea un ambiente de fábula, un cuento envuelto de niebla, teñido de traumas, contado con un sentimiento de pesadilla.

En películas como Evolution, Melancholia o Encantos, Lav exploraba los efectos de la opresión del régimen de “los Marcos”. From What is Before busca las raíces y las causas, no tanto para hacer un balance histórico y social, sino más bien una crónica psicológica, emocional y espiritual. Los campesinos, que aparecen en primer plano, están tan envueltos en sus propias preocupaciones y problemas. No pueden cuestionar realmente lo que está sucediendo a su alrededor. De alguna forma, las visitas de los militares sirven para apaciguar sus ansiedades y sus sospechas con promesas, cortésmente formuladas, y que les permiten continuar con operaciones de gran eficacia profesional. Inspirándose en la película Demons (2000), de Mario O’Hara, Diaz envuelve el pueblo con lo sobrenatural: un cazador de palomas se disculpa con los espíritus del bosque; se cuenta que un hombre encontrado muerto en el suelo fue víctima de un mordisco de aswang (un espíritu maligno vampírico); las malas lenguas del pueblo sospechan que una mujer puede ser la hija de un kapre (un demonio de los árboles) y la gente acepta la calumnia sin rechistar. Después de una serie de señales que presagian que algo va a suceder, las criaturas aparecen de entre las sombras. Los monstruos, que al final se dejan ver abiertamente, van vestidos de caqui y llevan rifles automáticos al hombro, aunque esto no sorprende a nadie (y menos a los campesinos).

En su documental Storm Children – Book One (2014), Lav parece volver al pasado para buscar inspiración en Encantos. Sin embargo, donde la anterior película muestra a personajes de ficción en el escenario real de las zonas devastadas por el tifón, Storm Children presenta gente real luchando con circunstancias reales muy adversas. Donde Encantos presentaba un paisaje arrasado como reflejo de las almas destrozadas de los personajes, el documental presenta a los niños que han sobrevivido y que, incluso, están prosperando en medio de la destrucción.

No es un documental lleno de dulzura y encanto, a pesar de lo que parece al inicio: vemos a los niños husmeando por calles llenas de basura y alcantarillas. Los vemos desenterrando cuidadosamente basura compacta, trapos podridos y otras cosas demasiado asquerosas como para describirlas –de alguna manera, estos niños nos recuerdan a la gente de la Edad Media de la película de Aleksei German Hard to Be a God (2013), retozando en el barro y estiércol, mientras miran a la cámara y sacan la lengua–. Un hombre joven cuenta, con una calma asombrosa, cómo murió toda su familia por un barco arrastrado por el oleaje hasta la costa, como si fuera una guadaña segando el trigo. Uno se pregunta si el paso del tiempo ha curado sus heridas, si es demasiado joven para preocuparse o si todavía no es consciente de la enorme pérdida.

Lav realizó esta película solo unos meses después del paso del Tifon Haiyan (conocido por los filipinos como Tifon Yolanda) por la isla de Tacloban. La ciudad está todavía sin reconstruir, el campo sigue repleto de gigantes cascos de barcos barrados, como si un titán maligno los hubiera arrancado de una bolsa y los hubiera sembrado por el campo. ¿Qué ha hecho desde entonces el gobierno? ¿Dónde está la ayuda prometida de manera tan efusiva? La mitad de la película se presenta bajo una lluvia fuerte y copiosa que nos obliga a preguntarnos: ¿Qué pasará cuando llegue el próximo tifón? ¿Está el pueblo (y las autoridades que gobiernan) más preparado ahora que antes?

Lav no intenta juzgar, solamente observa con su cámara sin pestañear y permite que la gente hable por sí misma. Quizás ni siquiera eso, simplemente observa su existencia, intentando sobrevivir como sea mientras la cámara les sigue a una distancia respetuosa.

La película acaba con un plano de dos de estos barcos “asesinos”, abandonados a su suerte, a poca distancia de la costa. Los niños se divierten abordándolos y saltando desde la barandilla. La vida sigue, quizás esa es la idea que intenta transmitir la película, una verdad sentimental. Quizás sea más útil la observación de que la vida al final merece la pena, haya los obstáculos y circunstancias que haya. En este caso, los niños de que muestra Lav tienen acceso sin control ninguno a los trampolines más altos, elaborados y “guays” del mundo. Una escasa y tardía recompensa, pero que reemplaza en cierta forma la enorme pérdida.

Quizás no sea el mejor trabajo de Lav (echo de menos su faceta como guionista y no solamente de director/editor/cinematógrafo, echo de menos la astucia dramatúrgica y sus diálogos elocuentemente cómicos), pero es un notable cambio de dirección para el que probablemente sea el mejor cineasta filipino.

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