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Encuentros: Zvonimir Juric

Zvonimir Juric en la Escuela TAI. Fotografía: Magdalena Orellana

Ayer sábado tuvo lugar la clausura de Filmadrid, con la entrega del palmarés, dentro del cual la ganadora del Premio Camira fue The Reaper, de Zvonimir Juric. La película croata fue la primera que Filmadrid seleccionó para participar en el festival, mientras que, paradójicamente, el encuentro con Juric fue el último de los que tuvieron lugar en la Escuela TAI a lo largo de la semana. Con una arrolladora personalidad, el director, que ya había contado muchas cosas interesantes en el coloquio posterior a la proyección el jueves 11, profundizó en ellas con la ayuda de Javier H. Estrada y la traductora Irene M. de la Rosa.

The Reaper es la segunda película de Juric tras The Blacks (2009), una historia bélica que codirigió con su amigo Goran Devic, aunque no sabe si es algo que volvería hacer, ya que confesó que se acabaron convirtiendo en una especie de “matrimonio”, con todos sus problemas. Casi todos los cortometrajes en los que ha trabajado Juric se desarrollan de noche, y es algo que quería trasladar a The Reaper, ya que para él, durante el día, las identidades están más claras, pero la noche está llena de sombras, “es un mundo más frágil”; por tanto, es mucho más interesante para analizar cómo son los personajes.

En este sentido, el trabajo del director de fotografía es fundamental para la película. Sin embargo, Juric, como había hecho el día anterior, volvió a señalar algunas dificultades que hubo entre él y Branko Linta, de quien afirmó que “es muy bueno en su trabajo, pero también un poco autista, es una persona muy lista pero muy cerrada”. Como no le gusta hablar, al final quedaron en que cada uno hiciera su trabajo por su lado. El problema es que a Juric le gustan los directores de fotografía que no tienen miedo a la oscuridad, como Gordon Willis, apodado “el príncipe de las tinieblas”, y sin embargo, en The Reaper, cree que las imágenes han quedado demasiado iluminadas artificialmente.

Fotograma de The Reaper

Fotograma de The Reaper

 

En cuanto a la dirección de arte, Juric afirmó que hay dos maneras de trabajar: la de aquellos que preparan todo sobre el papel, y al ir a los sets a rodar, obedecen todo lo que pone, y los que, al llegar a las localizaciones, se permiten dejarse llevar por lo que les ofrezcan en el momento. Reconoce que él pertenece más al segundo grupo, pero que ambas formas son válidas. Como profesor en la Escuela de Cine de Zagreb, Juric se mostró muy interesado en el encuentro en dar consejos a los nuevos directores. Otro de ellos fue sobre el tema de la dificultad de rodar escenas en las que interviene mucha gente, en las que hay que elegir entre controlarlo todo, o dejar algo de caos. A él le gustan las improvisaciones, y cree que si empiezas a dar órdenes, pierdes la espontaneidad. “Si sois amables, tendréis mejores resultados”.

Cuando le preguntan por su estilo, Juric afirma que su película favorita es Malas tierras (1973), de Terrence Malick, porque tiene momentos muy duros, que al mismo tiempo son muy poéticos. Él quiere reflejar la realidad, pero con una atmósfera un poco de “cuento de hadas”. The Reaper habla del problema social de síndrome postraumático que en Croacia tienen los veteranos de guerra, que para Juric son “personajes dramáticos muy interesantes”. Como le ocurría al protagonista de Taxi Driver (1976), son personas que tienen mucha agresividad, pero que no saben expresar sus emociones ni tratar con la realidad actual que les rodea. Él intenta acercarse de forma cálida a este problema tan grave.

Juric también habla del sentimiento de nostalgia del socialismo (lo que los alemanes conocen como ostalgie) que existe en los países que conformaban la antigua Yugoslavia unificada, tras la llegada del capitalismo. La sensación general es que antes había más unión, más solidaridad. Y en este sentido, el director se muestra muy molesto con el cine que se está haciendo en dicho países en los últimos 10 años, pensado para el ojo europeo y occidental, y para ganar premios en festivales. No cree que una película tenga que explicarlo todo: si el espectador ve una cinta sobre un hecho histórico que le es lejano, y no le motiva a investigar porque lo entiende todo, es que se le está tratando como un niño. Eso a él no le interesa.

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Zvonimir Juric con Irene M. de la Rosa y Javier H. Estrada. Fotografía: Magdalena Orellana

 

Para acabar, Juric habló del proyecto en el que está trabajando ahora, Patrola na cesti, una serie para televisión, el cual le parece un medio fantástico, y admira la labor de la HBO con productos como The Wire. Para él, las series permiten mostrar una historia desde un prisma mucho más amplio, dan la oportunidad de pasar por una experiencia durante mucho más tiempo que una película, y además, tienen mucha más visibilidad para todo tipo de audiencia. De hecho, se lamenta de que The Reaper, por motivos económicos, no pudiera ser más larga, para ampliar el contexto, pero rodar de noche es mucho más caro y lleva más tiempo que de día.

 

Y así pusimos punto y final a los encuentros con los directores de Filmadrid, una de las actividades más enriquecedoras del festival. Las instalaciones de TAI, además permitieron que los asistentes se sintieran completamente cómodos y muy cercanos a los directores. ¡Esperaremos con muchas ganas las visitas de la próxima edición!

Texto y edición: Sofia Pérez Delgado

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