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Filmadrid: día 7

Proyectando El cuerpo exquisito en el Arco del Cuartel de Monteleón (Plaza del Dos de Mayo). Fotografía: Carlos Alonso

Si por algo ha mostrado un interés muy fuerte la primera edición de Filmadrid ha sido por mostrar trabajos que reflejen el entorno urbano, no de manera hiperreaslista, sino transformándolo en un espacio fantasmal, aunque no deshumanizado. Alteraciones del paisaje, programa invitado organizado por la editora Angular, sería, junto a las Vanguardias Live, el mejor ejemplo de ello. Albert Alcoz y Alberto Cabrera Bernal nos presentaron una selección de 5 de la piezas que conformarán un primer volumen de cortometrajes experimentales que se va a publicar de manera inminente; estos trabajos, sin principio ni final, sino como pedazos de tiempo aislados de un conjunto, enfrentan ese urbanismo a la naturaleza, y a la intervención humana en ella.

Seeing in the rain (1981) de Chris Gallagher, Tokyo - Ebisu (2010) y Shibuya - Tokyo (2010), ambos de Tomonari Noshikawa, y Spirits in season (2012) de Stephen Broomer, sirvieron casi de prólogo para la proyección de Encounters with Landscape 3X (2012), de Salomé Lamas, que volvió a estar presente para hacer un coloquio posterior con el público. Lamas banaliza en esta obra el concepto filosófico de lo sublime aplicado a la naturaleza, la cual retrata sin más trascendencia que la del enfrentamiento entre la inmensidad de la misma y la pequeñez de las personas. Sin duda, una de las secciones más estimulantes que hemos visto hasta ahora en el festival.

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Salomé Lamas, con Albert Alcoz, Alberto Cabrera Bernal y Javier H. Estrada en La Casa Encendida. Fotografía: Magdalena Orellana

 

Tras ello, Vanguardias 4 se presentaba también en la sala de proyección de La casa encendida promoviendo un diálogo continuo con la imagen y sus formas. Decía Laida Lertxundi en el propio título de su obra presentada que “Nosotros tuvimos la experiencia pero perdimos el significado”. Vanguardias 4 se propone esa conversación inabarcable e inacabable sobre los límites de la expresión artística y sobre la pseudonecesidad de encontrar un significado, un sentido a cualquier obra. Lo importante no es lo que exprese sino el proceso. Lo importante es lo que haga sentir. A caballo entre las obras audiovisuales y las instalaciones de arte, estas seis piezas retoman el camino de vanguardias anteriores exprimiendo las emulsiones fotográficas, los colores de los fotogramas y los géneros. Que un anciando de 89 años se quede viudo y comience a realizar películas de género animadas con la técnica de second life tiene eso: experimentación y magia. El celuloide debe ser un acto de resistencia. Una revolución.

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Laida Lertxundi con Javier H. Estrada. Fotografía: Carlos Alonso

 

Uno de los gérmenes de Filmadrid es Pasajes de Cine, asociación que lleva más de un año difundiendo el cine de autor en la capital. Con ese nombre se presentaba ayer una nueva sección en el festival, en la que se pueden ver cortometrajes de distintos jóvenes cineastas españoles. Nuria Cubas y Fernando Vílchez quisieron estar presentes en una sesión que congregó numeroso público en la sala 4 de los Cines Paz. Paula Ruiz fue la encargada de introducir los cinco cortometrajes de este primer programa, tras el que se celebró un coloquio con cuatro de los cinco autores.

Elena López Riera estrenó Pueblo en España, tras su paso por la Quincena de los Realizadores en Cannes, mientras Carla Simon dirige Las pequeñas cosas. Ambas realizadoras emigraron al extranjero, y volvieron para rodar sus respectivas historias. Las dos coinciden en señalar que al final sienten la necesidad de hablar sobre lo que mejor conocen. Las otras directoras del programa de ayer son La chicas de Pasaik (Maider Fernández y María Elorza) que no pudieron acudir a presentar su trabajo Agosto sin ti. Sí estuvieron Pablo Useros y Miguel Aparicio, quienes mostraron propuestas menos narrativas. El primero firma Ten Lines, dentro del proyecto Antropologías Urbanas, en el que investiga sobre los patrones de movimiento en la ciudad. El segundo presentó Los guardines, trabajo en el que vemos las ruinas del lugar que una vez fue, mientras una voz en off rememora todas las familias que allí vivieron.

Un muy interesante programa que tendrá hoy continuidad con otros cinco cortometrajes que se podrán ver de nuevo en los Cines Paz.

Tras Pasajes, los cines Paz acogieron la proyección de una de las películas más esperadas de la Competición Internacional: The Reaper, del croata Zvonimir Juric. Los presagios se cumplieron y la cinta consiguió levantar los aplausos de una sala prácticamente llena que se rindió ante su director. A continuación, el propio Juric hizo acto de presencia para iniciar el coloquio con los asistentes, quienes le preguntaron por el trasfondo sociopolítico de la película. El croata contó que decidió ambientar The Reaper en un pueblo del sur de Croacia porque en esa región las consecuencias de la guerra aún están muy presentes. “A veces me preguntan por qué en Bosnia, Serbia o Croacia siempre se hacen películas sobre la guerra o las consecuencias de la misma. Creo que es porque las consecuencias aún están latentes, todavía no se ha salido adelante en muchas zonas del país.” El pueblo en el que se ambienta el filme es una muestra de ello.

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Zvonimir Juric con Javier H. Estrada. Fotografía: Belén Purroy

 

Juric, profesor en la Escuela de Cine de Zagreb, también bromeó con los asistentes en un momento dado del coloquio: “Creo que el feedback es muy importante, por eso quiero que me digáis si la película o alguna escena no os ha gustado. Siempre les digo a mis alumnos que se revelen. Quiero que vosotros también lo hagáis. ¡Podéis insultarme si queréis!”. Era difícil hacerlo con un producto tan crudo e impresionante como el suyo. El director siguió respondiendo a las preguntas del público y con los minutos descubrimos que odia los símbolos (“las metáforas no me parecen mal pero los símbolos no”) y que grabó muchas escenas que finalmente se quedaron en la sala de edición por no ser demasiado relevantes.

El croata, que ya tenía en el bolsillo a todos los asistentes, contó una anécdota de rodaje que levantó las carcajadas entre el público. Un espectador le preguntó por qué la luz naturalista predominante en el filme a veces desaparece en detrimento de la artificialidad. Juric contestó que todo era fruto de desavenencias con su fotógrafo. Él quería mucha luz y Juric no. “Al final le mandé a la mierda y le dije que hiciera lo que quisiera. Supongo que tendría miedo a la oscuridad. Seguramente no vuelva a trabajar con él.” El encuentro terminó con el director declarando que su película sólo había sido vista por 3.000 personas en Croacia. Una cifra muy baja que le hace plantearse sus métodos de trabajo. “Me gasto dinero público en una película que luego la gente no va a ver… ¿Qué puedo hacer para que quieran ver mi película sin tener que faltar a mis valores y ofrecerles un producto banal? No lo sé, la verdad. No sé lo que pasará.

Si aún os habéis quedado con ganas de más (¡que seguro que sí!), Zvonimir Juric protagonizará a las 12h el último encuentro en la escuela TAI, ¡no perdáis la oportunidad!

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Javier H. Estrada presentando Storm Children - Book One, de Lav Díaz, en el cine Doré. Fotografía: Magdalena Orellana

 

Para acabar el día, algunos se repartieron entre la respetuosa trascendencia de Lav Díaz con Storm Children - Book One en el cine Doré, mientras otros se lanzaban a las calles con Juan Barrero para proyectar por distintos espacios El cuerpo exquisito, obra realizada ayer durante todo el día para su Vanguardia Live. Pero de ello hablaremos más ampliamente en un post que le dedicaremos en exclusiva.

Texto: Jorge Fernández-Mayoralas Álvarez, Manuel Barrero Iglesias, Beatriz Bravo y Sofia Pérez. Edición: Sofia Pérez

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